Combate en un M-IIIE vs a un AV 8 A Harrier, ¡igualito a los de Malvinas! Parte 1
- Luis Alberto Briatore

- 7 dic 2019
- 8 Min. de lectura
Actualizado: 16 ene 2020
Parte 1
¡Por fin llegamos a la Madre Patria!
Nos encontrábamos en plena primavera Valenciana, habían pasado un par de meses desde que comenzamos a surcar los cielos de esos lares, al mando de las guerreras “Panchetas”, mote puesto al Mirage IIIEE por los pilotos españoles. El paisaje nos resultaba diferente al que estábamos acostumbrados, se trataba de una belleza totalmente distinta, la que en cada vuelo no terminaba de sorprendernos con repetidos paisajes cinematográficos. El área de vuelo se encontraba en el Levante Valenciano, costas bañadas por el majestuoso Mar Mediterráneo, más específicamente en el centro de la costa Este de España, frente a las alucinantes Islas Baleares. La operación diaria se efectuaba en perfecta armonía entre aviones civiles y militares, compartiendo una pista en común, la del Aeropuerto Internacional de Valencia, Arturo Michelena.
Caímos justamente en la cuna de la gloriosa y valiente Aviación de Caza Española
Nos encontrábamos destinados por unos meses en una de las Bases más emblemática del Ejército del Aire Español, el Ala 11, ubicada en Manises-Valencia, conocida también, por su famoso lema bien español:”VISTA SUERTE Y AL TORO”, tres palabras con mucho peso para nuestra especialidad, coincidentes con el comportamiento, actitud y designio de un valiente piloto de caza en momentos que localiza su presa y trata de hacerla suya o terminar con ella. Este famoso lema fue adoptado por el piloto y prócer aeronáutico español, “García-Morato”, el que nos cuenta el origen de estas palabras con un significado especial para los Pilotos de Caza españoles, en su obra “Guerra en el Aire”:
Fue durante el primer periodo de la guerra cuando mi escuadrilla obtuvo el lema de "Vista, suerte y al toro". Ocurrió del siguiente modo. Un aviador, perteneciente a otro grupo, no hacía más que pedirme que le permitiera pasar al nuestro. Bromeando, le dije que no se lo permitiría hasta que averiguase cual era nuestro lema, ya que por no tener ninguno tenía la seguridad de que no podría averiguarlo. Día tras día fue pasando de un piloto a otro, preguntando a todos por mi lema. Por fin, alguien, cansado de sus preguntas incesantes le dijo con gran secreto que el lema era: "vista, suerte y al toro". Aquella noche, el piloto en cuestión vino a mí con una expresión radiante en la cara, exclamando: "volaré con usted; ya conozco su lema". Le pregunté cuál era, y al decírmelo me gustó tanto, que no sólo le acepté como piloto de mi escuadrilla, sino que también adopté aquella frase como lema de ella. Estaba de acuerdo con nuestra profesión.
Era una frase usada por los toreros al entrar en el ruedo a afrontar la inseguridad de su suerte. Nunca sabían si saldrían de allí con vida. Mucho dependía de su suerte, de su vista y de su decisión. Nosotros los pilotos teníamos que afrontar una situación similar.’
Así es como la leyenda, a finales de diciembre de 1936, pasó a completar el emblema de la original patrulla aérea que pronto se convirtió en escuadrilla, después en grupo y terminó siendo la escuadra de caza española por excelencia.
¡Éramos un español más!
¿Quiénes eran en esta oportunidad los afortunados designados para volar en misma cuna de la Aviación de Caza Española? Se trataba de 4 entusiastas pilotos de combate argentinos, provenían de tierras gauchas, de la misma y famosa pampa. Los que ni bien pisaron esa gloriosa Unidad de combate en suelo valenciano, fueron tratados como un español y hermano más.
Arribamos en un fresco enero del año 1992, desde nuestra llegada la integración a las huestes cazadoras del lugar fue concretada y cimentada a una velocidad más que supersónica, encontrarnos con un grupo de buenas personas y mejores profesionales, facilitó esa disfrutable y fuerte unión, la que se prolongaría por tiempo más. Compartíamos a diario una variedad de actividades operativas muy productivas por cierto, con unos cazadores muy “majos” (piolas en nuestro pintoresco lunfardo), con los que llegamos a sentirlos y tratarnos como verdaderos amigos, ¡el feeling era total! Nuestra relación era tan fantástica dentro y fuera de la Base, que se disputaban por invitarnos a sus hogares, lugares acogedores donde compartimos con sus familias momentos que nunca olvidaremos. La escusa era juntarse de alguna manera a cenar en sus casas, o pasar por algún simpático chiringuito a picotear algo y tomarnos unas cañitas, salir a tapaear, tomar un cafelito, ir de marcha, y algunas salidas típicas más, las que nunca faltaron. Realmente estar aquí era un sueño completo, como se dice en nuestro ámbito, estar disfrutando de una verdadera y sana camaradería, la que ponía en evidencia a diario, una compatibilidad total.
Algo que nos tocó en lo más profundo y nunca olvidaremos, fue el respeto y admiración por la actuación de la Fuerza Aérea Argentina en la lucha por nuestras Islas Malvinas, detalle muy sentido, que estrecho aun más esta relación tan noble. Para este grupo de pilotos gauchos, era como estar en un Disney hecho para pilotos de combate, y hoteleramente hablando, ¡una comisión All Inclusive!
¡Qué lindo era ver esa hermosa plataforma llena de aviones!
Todas las mañanas salíamos a volar ingresando a una plataforma abarrotada de M-IIIEE, los que nos esperaban impecables, formados en una hilera interminable, ¡espectáculo muy motivador por cierto! Sin perder tiempo ni escondiendo nada, nos adaptaron y habilitaron de inmediato a volar los Mirage M-IIIEE en tierras españolas. Estas Planchetas tenían solo dos diferencias con respecto al nuestro M-IIIEA, disponía un navegador doppler asociado a una antena o radomo color blanco ubicado debajo del cockpit, además, contaba como ayuda a la navegación, con un equipo TACAN, que es nada más y nada menos, que un VOR de exclusivo uso militar. Un detalle en contra, no disponía como ayuda a la aproximación en condiciones instrumental, de un equipo ILS (Instrumental Landing System), en su lugar, y ante condiciones de baja visibilidad imperante toda las mañanas, la Brigada estaba dotada con un radar de aproximación GCA, donde los radaristas nos guiaban al aterrizaje de manera magistral, ordenando en una frecuencia de radio destinada a tal efecto, correcciones de hasta medio grado en rumbo, como así también, pequeñas variaciones en el régimen de descenso e indicando algo de no creer, el momento exacto de restablecer (colocar el avión paralelo al piso antes de tocar) o como se dice en inglés: flare, ¡Estos Operadores de Radar, eran unos verdaderos genios y maestros del guiado, por los que teníamos una confianza ciega!
Éramos realmente amigos y hermanos
La relación con los pilotos, desde el Jefe de Unidad hasta el oficial más joven, era más que cordial, todos estaban pendientes de estos 4 oficiales argentinos. Para que tengan una idea, acerca de forma de operar, y porque parecía un lugar soñado para un piloto de combate foráneo. El oficial Jefe de Operaciones nos preguntaba el día anterior: ¿Qué tema deseáis volar?, y sin frotar ninguna lámpara mágica, al otro día cumplíamos nuestro deseo operativo, en un ámbito donde el material aéreo abundaba, dentro de un entorno operativo ideal. Así fue que navegamos por toda España y cumplimos vuelos de combate aéreo, volando junto a pilotos españoles o entre argentinos, la confianza era mutua y total.
Volábamos en un territorio con características un poco diferentes al nuestro
Un detalle que nos impacto al llegar, en comparación con lo hacíamos en nuestro país, en lo que respecta a lo geográfico. Al tratarse de un territorio menos extenso al nuestro, la escala de cartografía para navegar, en lugar de ser 1:1.000.000 era 1:250.000, cuatro veces más grande, mucho más volumen de papel para llevar en la cabina durante una navegación táctica, herramienta que permite en pleno vuelo reconocer las referencias que vamos pasando en una navegación táctica, mientras las vamos viendo el terreno. Como podrán apreciar, este cambio era necesario y única manera de identificar la gran cantidad de poblados, los que se encontraban muy cercanos uno al lado del otro. La distribución y densidad de población era radicalmente diferente a la de Argentina, detalle que justificaba el uso de esa escala de cartografía, cambio al que nos adaptamos rápidamente.
Se nos presentaba una posibilidad única de hacer combate con aviones de distinta performance
Por ser unos apasionados del combate aire-aire, ¿Qué es lo que más nos puede haber gustado volar en tierras españolas?: ¿Adivinen?, ¡si, acertaron!, “combate contra aviones de distinta performance”. Se trataba de un espejismo solo posible de concretar en un simulador de combate aéreo imaginario, facilidad virtual que en aquellos tiempos no existía.
¡La forma de concretar este deseo fue magistral!, pactábamos combates aire-aire con aviones de cualquier Base de España, ¡Aunque les parezca mentira, todo era muy sencillo, debido a que nuestros amigos simplificaban todo! En primer lugar elegíamos el avión contra el que queríamos enfrentarnos, y el Oficial de Operaciones de M-IIIEE, un pingazo con todas las letras, llamado “Fernando Sastre” (no nombro a nadie en mis relatos, pero a este gran amigo se merecía que lo haga, haciéndole un humilde homenaje, ya que lamentablemente falleció hace unos años). El que en persona, coordinaba el vuelo con el Escuadrón que correspondía, una vez confirmada la contienda, y al día siguiente el deseo estaba plasmado en el plan de vuelo, momento en que partíamos al teléfono operativo con el altruista objetivo, de concretar un muy buen briefing. Mediante esta comunicación rápida y operativa a la vez, pactábamos las reglas de empeñamiento con los pilotos agresores, y en una horita: ¡A trenzarnos en combate en algún lugar del cielo de España, se ha dicho! Con respecto al control radar, en toda España es unificado (todos los radares están integrados, y detectan como si fuesen uno solo, viendo en sus diferentes Centros de Control y Vigilancia, a toda la Península Ibérica desde cualquier lugar del país). Luego de cerrar trato con el o los agresores, nos comunicamos con el operador radar asignado, arreglando los detalles del guiado a lo largo de toda la contienda.
Para que se imaginen lo suertudos que fuimos, tuvimos la oportunidad de volar en combate contra el Mirage F-1M, EF-18 Hornet, F-4 Phantom y AV-8A Harrier. Realmente no lo podíamos creer, ¡nos pellizcamos para darnos cuenta que era verdad lo que estábamos viviendo!
Otro detalle impactante y merece ser destacado, se trataba de la llegada permanente de aviones de combate, provenientes de distintos Escuadrones OTAN en vuelo directo a Manises, procedentes de diferentes países y del tipo de avión que se les ocurra, los que cumplían temas navegación con pernocte en Valencia. Mientras salía a correr por las tardes, cumpliendo la cuota de actividad física recomendable para todo piloto de combate, prolijamente iba bordeando las plataformas de parqueo intencionalmente, husmeaba mientras me relamía observando con mirada fotográfica a esas postales reales. Estaba viendo y disfrutando en carne propia, en vivo y en directo, lo mejor que había en ese momento en aviones de combate !Parezco un poco exagerado, pero lo viví y sentí, tal cual se los estoy contando! ¡No quería despertar nunca más de este sueño!
Estábamos disfrutando tanto, y como si esto fuera poco, ¡llegaron los Harrier o mejor llamados: “Matadores” de la Armada Española!
Todo transcurría muy rápido para nuestro gusto, y ninguno de los cazadores argentinos deseábamos que se termine, lo que parecía una fascinante realidad virtual.
En una de las últimas semanas en tierras valencianas, cumpliendo con la rutina diaria, a primera hora de la mañana y al llegar al Escuadrón, observo con una extasiada sorpresa, a través de un ventanal gigante que daba directo a la plataforma de la Primera Línea, a unos seis aviones de un peso especifico emocional muy grande para cualquier piloto argentino, se trataba de aviones AV-8A Harrier de la Armada Española, llamado por esta fuerza, “Matador”. El mismo avión que fuera el principal enemigo aéreo de la Fuerza Aérea Argentina en el conflicto por nuestras Islas Malvinas, salvando las diferencias del caso, ¡aquí eran volados por pilotos españoles, nuestros amigos de nuestra querida Madre Patria!
Ante esta situación, la lamparita criolla se encendió de inmediato: estábamos frente a una oportunidad única, por un lado, conocer en más profundidad a estos magníficos y tan especiales aviones que tantos dolores de cabeza y daño nos habían provocado en las Islas Malvinas, y por otro lado, tratar por todos los medios de llegar a concretar un combate aire–aire contra “El Matador”, y confirmar en una contienda real, lo que sabía acerca del tipo de combate que un Mirage M-IIIE, debía hacerle a un letal Harrier, buscando vencerlo.








Querido Ignacio, creo que somos muy compatibles ambas nacionalidades y más como pilotos. Me alegro que disfrutes de mis relatos y te felicito por el inmenso logro de ser comandante del avión más grande del mundo. Gran abrazo y que vengan mejores vuelos.
Estimado Sr. Briatore, tengo el placer y honor de compartir cabina y profesión con Pilotos Argentinos y me parecen, al igual que sus publicaciones, muy buenos y profesionales, da gusto volar con Vds, para mi son como hermanos.
Muchas gracias por compartir con todos nosotros sus experiencias.
Un cordial saludo y buenos vuelos
ignacio Montesinos Moreno
Comandante Airbus A380