Combate en un M-IIIE vs a un AV-8S Harrier, ¡igualito a los de Malvinas! - Parte 3
- Luis Alberto Briatore

- 21 dic 2019
- 12 Min. de lectura
Actualizado: 28 dic 2019
Parte 3
Pensamientos repentinos, mientras el vuelo fluye
No era un vuelo más, estábamos frente a una oportunidad irrepetible. No se trataba de volar impregnados por un rencor contra un avión que nos lleno de muerte en Malvinas, del otro lado había un amigo español, el que nos brindó con un gesto muy noble, esta impensada posibilidad. Debíamos aplicar lo que sabíamos, empleando nuestra experiencia, creatividad y el espíritu cazador que nos caracteriza. Conocíamos bastante de nuestro adversario y las condiciones para enfrentarnos eran de igualdad, muy diferente a lo sucedido sobre las gélidas aguas del Atlántico Sur, hacía no más de una década. El simbolismo de este combate era muy fuerte, el solo pensarlo, daba para que salten varias lágrimas en pleno vuelo. Todas estas ideas y locuras se iban cruzando en la cabeza mientras nos acercábamos a una velocidad relativa de casi Mach 2. Faltaba poco para el cruce, y la mano izquierda se encontraba lista y firme para quebrar el acelerador y colocar poscombustión, mientras la derecha, rodeando la parte superior y anatómica de la palanca de comandos, estaba en apresto para cerrar con fuerza cuando fuese necesario, y la vista, muy concentrada e inmersa en la pantalla del radar Cyrano II, buscando detectar al incursor. En un estado que podemos llamar: “de máxima concentración”.
Camino al Dog Fight o Lucha de Perros
Con la vista clavada en la pantalla radar y a menos de 3 minutos del ansiado cruce, Pegaso (Control Radar para toda España), rompe el silencio en la frecuencia interna, y nos refiere: blanco a 25 millas (40 km) a las 12 y levemente abajo. Estamos a esa distancia justo en el punto de ruptura, violentamente viramos uno para cada lado abriéndonos unos 45º del eje de desplazamiento. Con mi Mirage español subo virando hacia la derecha hasta llegar a los 45º de apertura, haciendo lo mismo mi numeral bajando sobre el lado contrario. Iniciamos la maniobra preacordada llamada en nuestra jerga, “pinzas”, buscando que el agresor quede al medio y con dos enemigos en distintos niveles de vuelo, obligando a que se concentre y decida solo por uno, ante la imposibilidad de ver a ambos. Los 2 buscamos visualmente al blanco mientras en 20 segundos volvemos virando al rumbo inicial, quedando paralelamente separados. El AV-8S va a pasar por el medio un pasillo imaginario formado por nuestra trayectoria paralela.
Se terminó la maniobra de engaño y cada uno muestra sus cartas
El control radar enemigo que guía al Matador, acaba de percatarse que de 1 eco incursor pasan a ser 2, y no justamente por la magia de David Copperfield. Actualiza el cambio de situación de inmediato, indicándole al solitario Harrier: 2 blancos a 19 millas, a las 11 abajo y a la 1 arriba, ambos abriéndose a 45º. El piloto naval con astucia y olfato, se percata de la maniobra, sabiendo que es imposible localizarlos al mismo tiempo, son dos puntos negros, súper minúsculos, en un cielo luminoso, a unos 40 km distantes, los que mantienen diferentes alturas, y de manera simultánea. Sabía que la tenía difícil, y ante esta complicada situación, se decide por el de la izquierda, al que venía más bajo de su trayectoria, favoreciendo la visualización hacia ese lado, gracias a una capa nubosa en niveles más bajos, contraste favorable en la búsqueda visual.
Mientras volvemos a la trayectoria inicial, nuestros motores están a pleno, al igual que nuestro corazón, el que late cada vez más fuerte, señal del ingreso a un muy especial climax previo a las maniobras más violentas del combate, las que están por venir en pocos segundos.
La antesala de la contienda
Las flechas voladoras rosan el transónico, los comandos comienzan a endurecerse, escucho la música del combate a través del micrófono de la máscara, se trata de esa melodía emanada del ritmo de mi respiración que escucho acelerarse, señal inequívoca que me encuentro en el punto donde se mezcla excitación con la ansiedad. Los dos tenemos el blanco en el Radar Cyrano a 15 millas (28 km) apenas al costado del eje de pantalla.
Ambas Planchetas escuchan las referencias del radar, nuestros ojos se mueven como un limpia parabrisas con lluvia fuerte, pivotean entre la pantalla radar y el mundo exterior. A mayor cercanía, sacamos la cabeza de la pantalla, utilizando un patrón de barrido visual utilizado para estos casos, aceleradando desesperadamente la búsqueda y tener un contacto positivo con el agresor, al mismo tiempo, relojeamos nuestra pantalla radar, comparando y coordinando mentalmente el sector de localización efectiva.
¡Al fin lo vemos!
El controlador radar, muy canchero en este yeite (negocio: en lunfardo porteño), con voz calma e instrucciones exactas, nos refiere: blanco a 12 millas (22 km) y al medio de ambas trayectorias, en momentos que el numeral sale fuerte y claro al aire: “TALLY HO” (vocabulario OTAN), antigua expresión inglesa durante la caza del zorro en momento que es avistado, ¡en este caso estaba viendo, no un zorro, sino una bestia gris con alas que se venía con muy malas intensiones, mostrando una vigorosa cornamenta! Una vez que lo refiere, ¡logro verlo! , repitiendo este vocablo estandarizado por la radio, y de allí en más, ambos con el agresor a la vista, comenzamos a guiarnos y a referirnos el blanco entre Planchetas, a lo que llamamos los Cazadores, “apoyo mutuo”. A partir de aquí, el control radar hace silencio y queda atento, algo característico cuando se juntan los aviones en un solo eco, imagen donde no se puede distinguir nada, y señal inequívoca que comenzó la “Lucha de Perros o Dog Fight”, para esta riña, solo hace falta un pedacito de cielo de dimensiones reducidas, lugar en que los cazas se revolcaran en el aire, hasta resolver la contienda, al mejor estilo de un duelo de caballeros medievales.
El Harrier ve solo al numeral, vira unos 10º, para enfrentarlo hacia un cuasi impacto, lo que se llama tirarle el avión encima, al mismo tiempo mostrando los dientes y buscando un cruce cabina con cabina, maniobra en donde se llega a distinguir por milésimas de segundo, al piloto adversario de cuerpo entero gracias a los 2000 Km/h con que se cruzan.
¡Cruzando cabina con cabina!
Los 2 Mirage acábamos de quebrar el acelerador a PC mini, sintiendo como un empujón en la espalda, signo que el motor comenzó a entregar más potencia. Tanto la luz ámbar de encendido PC, como la roja de inyección PC parpadean, quedando la ámbar encendida fija, acompañada de un penduleo en la temperatura de motor que luego se estabiliza en 785ºC, signo que enganchó exitosamente la postcombustión. Acto seguido, empujamos el acelerador hasta el tope, colocando PC maxi logrando el máximo empuje de este caballo alado pura sangre, que solo tiene una idea fija, ¡acelerar!
El numeral aprecia que es el afortunado en ser elegido, ¡nobleza obliga!, no le queda otra que enfrentarlo buscando no arrugar, cruzando cabina con cabina por la derecha. En una posición un poco más distante, dejo al target que pase por a la izquierda y trato de ganar la máxima energía antes de subir fuerte.
Llegando al punto de cruce, ambos cerramos fuerte con más de 6 “G” y a la vertical, en un fallido intento de salir de la estratósfera tratamos de ascender lo máximo posible, fuera del alcance de las garras del Matador. Asegurada la vertical, con un toque leve de viraje, con trayectorias apenas encontradas uno sobre el otro, paso con mi avión por la pansa del numeral sin que me pueda ver por un istante, indicando por donde lo hago, liberándolo de una preocupación más.
En la primer parte del primer cruce, al estar cerca entre aviones es posible ubicar al avión enemigo y al de mi compañero de lucha en una misma panorámica, situación que cambia al finalizar esta maniobra en pleno plano vertical, quedando el enemigo a nuestra espalda, perdiéndolo temporariamente, mientras nuestro cerebro en base a datos aportados por la experiencia, dibuja una trayectoria mentalmente, dándonos la pauta por donde buscarlo al termino de semejante maniobra.
¡Un secreto que pocos conocen!
Aunque no lo crean, ¡y les puedo asegurar, que no miento!, estas maniobras espacialmente difíciles de seguir en un relato, ¡donde los lectores atrapados y posesionados, llegan hasta marearse, y en algunos casos hasta vomitar!, ¡espero que no sea su caso!. el piloto puede llegar a tener una pérdida de noción acerca de donde se encuentra el cielo y la tierra, seguramente ustedes se preguntaran: ¿Cómo hacen estos tipos para ubicarse?: dice una vieja leyenda, que gracias al instinto heredado de los felinos, nuestros primos cazadores, de los que heredamos la agresividad y la astucia, somos capaces al igual que ellos, darnos vuelta en el aire y siempre saber cómo caer parado, ¡No es algo fácil de lograr, lleva muchas horas de traste sobre un salvador asiento eyectable!
Sensaciones típicas de un adicto que ama este vicio, el combate cerrado
Mientras tiro la palanca de comandos hacia mí, el traje anti “g” comienza a inflarse, el abdomen se comprime como una manga de crema presionada por una forzuda repostera que rodea mi cintura con dos manos gigantes. La vista quiere nublarse por falta de sangre, frente a un cerebro que lucha por seguir razonando y calculando. Siento mi cara empapada y como ese sudor cae depositándose en la parte inferior de la máscara, torrente húmedo ayudado por la gran fuerza “G” momentánea. Lo que es sinónimo de sufrimiento a un ajeno en este arte de la lucha aérea, es excitación en la máxima expresión y adicción al combate para un cazador de raza, casualmente es lo que está sucediendo en este preciso momento del combate.
¡Lo miramos desde arriba y listos para un ataque secuenciado!
Los dos Mirage subimos cruzándonos con 6 “G” hasta llegar a los 80º de nariz arriba, pausamos colocando el comando en neutro, dejando el ala limpia de perturbaciones aerodinámicas, aportando con este último movimiento, el logro de una trayectoria prácticamente vertical en un ascenso realmente vertiginoso.
Torciendo la cabeza y el cuerpo al máximo al borde del dolor, movimiento facilitado por unos arneses bien flojos, veo al Harrier que intenta seguir a mi compañero, quedando corto en el intento, bajando la nariz a mitad de camino. La performance no le alcanza al Matador, quedando bastante más abajo, confirmando lo que sabíamos de su incapacidad para trepar con energía luego de un cruce a una altitud por encima de los 25.000 pies (7.620 metros).
En la mitad de la fuerte subida inclino apenas para darle una mejor orientación hacia donde quiero que la Plancheta salga, aprovechando al máximo la energía del rendidor Mirage en las alturas. Quedo un poco colgado y la nariz baja por el solo efecto de la gravedad, donde el Delta vuela como él sabe, y a propia voz de mando. Con movimiento de alerones y sin cerrar, lo direcciono hacia el target, para luego, sin tocar más los comandos, el velocímetro toca en la cima los 110 nudos (203 km/h), momento en que la nariz cruza el horizonte en un movimiento descendente, buscando el desahogo para comenzar a acelerar.
Por un momento nos quedamos los 2 arriba bien separados y con mucha energía en el bolsillo lista para utilizar, observando, como halcón que espera el momento pegar sus alas al cuerpo para lanzarse en picada y atacar. El Matador sin posibilidad de alcanzarnos comienza a virar, busca a los agresores desde una posición incómoda, con un sol molesto, el que dificulta la visualización.
Este es un juego donde la desesperación es la principal enemiga, hay que ser paciente, y esperar el momento propicio para secuenciarnos en el ataque, buscar la debilidad de la presa, y en oportunidad, descolgarnos como pilotos de Stuka de a 1 por vez.
¡Esta vez conocíamos con quien nos enfrentamos!
Con el diario del lunes, ya sabíamos lo que sí y no debíamos hacer: quedarnos cerrando con El Matador en la horizontal y a baja altura era como suicidarse, la causa: el perfil alar del Harrier, sumado a la gran potencia, en combinación con el empuje vectorial, lo hacía un oponente invencible. Por su parte el ala delta, era fuerte solo a alta velocidad, y si queríamos bajar la veloza, solo podríamos hacerlo en una maniobra vertical, y a una altura inalcanzable a nuestro adversario, diferencia de altura ganada, transformada en energía potencial disponible, a ser inteligentemente utilizada en el momento propicio, con el solo hecho de bajar la nariz buscando pura aceleración, para atacarlo. Esta descripción no tan fácil de seguir, no es más ni menos, que el típico huevo vertical que emplea el Mirage en combate aire-aire: parte inferior amplia, volada a alta velocidad, parte superior con mucha altura, llegando a baja velocidad y con menor radio de giro. Se enfrentaban dos estilos de combate totalmente contrapuestos, realmente un caso más que interesante para el análisis, en nuestro personal y creativo, laboratorio de investigación aeronáutica.
¡Con la obligación de aplicar una táctica correcta a rajatabla!
Volviendo al combate: mirar a alguien desde arriba siempre es más cómodo que hacerlo desde abajo, y si nos da una mano el astro sol molestando un poco ¡mejor! Ya se habían mostrado las cartas en la presentación, luego nos estudiamos un poco y ahora había que actuar, al mejor estilo de un 1º Round en una pelea de boxeo.
Desde las alturas, como 2 aves de rapiña, esperamos el momento más propicio, y cuando lo veo, le indico el instante preciso para iniciar el ataque. Mi obediente y querido numeral se descuelga, observándolo desde mi cabina como un triangulo perfecto que se zambulle sobre la presa. Baja la nariz decididamente logrando que el ala delta se sienta a sus anchas, acelerando a la velocidad que más le gusta, ¡la muy alta! Siempre apuntando al adversario, en momentos que el AV8-A percibe nuestras perversas intensiones, cerrando con máxima “G”, ayudado por el empuje vectorial, buscando achicar el radio de viraje al máximo, tratando de enfrentarlo a cualquier costo. Como testigo de este cruce disimilar y desde las alturas, desde el anonimato y sin que el Harrier pueda verme, interpolo en mi cerebrito una trayectoria que me otorgue una ventaja de posición, y llega mi turno. Llevando con los comandos el avión al invertido y luego la nariz decididamente hacia abajo, observo que el velocímetro rompe inercia y va en aumento decididamente, acumulando energía y versatilidad para el momento del ataque. Continuando con un actuar coordinado, le comunico a mi numeral: “enfréntalo saliendo fuerte hacia arriba, que le voy entrando por las 6”. Aprovechando el lado flaco del Matador, imposibilitado de ver a los 2 aviones, seguía empeñado con el número 2, intranquilo y a sabiendas que faltaba una Plancheta, sabiendo que no debía descuidarse, y buscar a ese fantasma que no veía.
Mi compañero con alta velocidad, y luego de cruzar cabina con cabina por segunda vez, sube cerrando con mucha “G”, buscando nuevamente la seguridad en las alturas entremezclándose con unas nubes altas dispersas.
¡Ahora era mi turno! Acababa de invertir el avión sumando 1 “G” sin mucho esfuerzo, descolgándome al mejor estilo de un halcón que cierra sus alas en una franca picada al vacio. En estos momentos el Harrier se encuentra en una situación muy incómoda, buscándome desesperadamente, intentando recuperar el contacto visual con un enemigo hasta ahora invisible.
En el fragor del combate, con un rostro sudado, una máscara totalmente humedecida, el traje anti “G” que se iba inflando progresivamente a medida que cerraba trabando el abdomen, sintiendo los síntomas los típicos de un encarnizado combate aéreo.
Cada vez era mayor la presión de palanca atrás, única manera de contener a un Delta desbocado, el solo quería más velocidad y había que controlarlo. Cayendo como desde un tobogán, el acople a una perfecta curva de persecución se va materializando, observo que mi compañero de andanzas sube como cóndor que busca la seguridad en las alturas.
Con buena energía y en una trayectoria por esos momentos oblicua, apunto con la nariz bien adelante del Matador, a medida que me acerco aflojo progresivamente la “G” en búsqueda de un lanzamiento de misil infrarrojo exitoso. El Matador se defiende valerosamente, emplea toda clase de artilugios para defenderse, en un ataque totalmente desigual, contra dos adversarios que actúan coordinadamente, a los que nunca llega a ver al mismo tiempo. El gran problema que lo atormenta, es que mientras enfrenta al que tiene a la vista, deja su cola libre y expuesta a una Plancheta invisible a sus ojos.
Mientras el Nº 2 comienza a bajar la nariz para una nueva entrada interpolando trayectorias, me encuentro totalmente concentrado puliendo una corrida tiro a unos 3000 metros con una buena velocidad relativa, donde la cruz de misiles de se va acercando adecuadamente, montada sobre una trayectoria adelantada con respecto al agresor. Sutilmente voy aflojando la palanca de comandos, y en consecuencia la “G”, entrando en la envolvente para el lanzamiento del misil, en una espera ansiosa de ese agradable sonido misil que todavía no llega.
Aprovechando la ventaja
El Matador me acaba de ver y reduce el radio de viraje desesperadamente con todo lo que tiene puesto, cerrando con mucha “G” y aplicando al máximo el empuje vectorial. De una trayectoria de aproximación al tiro cómoda, paso a ver la manera increíble que descuenta ángulo de cola buscando neutralizar mi ataque. Incremento las “G” cerrando, en momentos que siento el esperado sonido del misil en forma constante, señal que la cabeza infrarroja está enganchada con el calor emanado por tremenda turbina que se encuentra a pleno.
Primer lanzamiento
Con un dedo pulgar en alerta, llegando al momento tan esperado, y en el instante preciso que lo tengo en la cruz de la mira, presiono el disparador, y el hipotético misil hubiese salido, imagen inmortalizada por una cineametralladora al momento de pulsar, material que será analizado una vez en tierra. Ante la duda de haber lanzado dentro de la envolvente del misil, principalmente por el gran ángulo con respecto a la cola del AV-8S al momento del lanzamiento, no canto el FOX 1 (palabra emitida por radio cuando lanzamos un misil) y con buena velocidad cierro fuerte ascendiendo hacia el sol, en momentos que enebro la trayectoria del A-V8S a 90º, sin llegar a que el agresor llegue a enfrentarme. Tuerzo mi cuerpo completo, al borde de la contractura de cuello, mientras busco a mi numeral y al agresor, volando por momentos solo con el traste, por no decir una mala palabra, sin mirar los instrumentos, pero sintiendo a mi máquina que va a la vertical en búsqueda de una buena energía potencial, hablando en texto claro: ¡juntando más altura para el próximo ataque!




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