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De lo más alto de América a homenajeando al padre de “La Patria”PARTE 3

  • Foto del escritor: Luis Alberto Briatore
    Luis Alberto Briatore
  • 22 feb 2020
  • 4 Min. de lectura

Comenzamos un descenso a plena historia


Pasamos un tiempo prolongado en las alturas más desafiantes de la República Argentina, y ahora debemos homenajear a nuestro padre de La Patria, ¡y allí vamos!Reducimos a ralentí y en un clavado cazador, siguiendo la pronunciada ladera de roca desnuda y nevada, nos dirigimos rumbo al Paso de Uspallata, el mismo que empleo la columna del Coronel Juan Gregorio de Las Heras en una de las rutas empleadas por el Ejercito de Los Andes, en una noble misión, la liberación de nuestros hermanos Chilenos, del yugo realistas.



Un símbolo  de las alturas


Al deslizarnos en un tobogán imaginario que nos deposite en el lecho del valle,  nos encontramos con una sorpresa grata e inesperada. No hay muchos que se animen a vivir por semejante altura a la que nos encontramos. Totalmente extasiados al verlos con sus alas abiertas, no es para menos, se trata de una pareja de cóndores andinos.  Inspiran un enorme respeto al desafiar a estos gigantes en una helada y ventosa soledad. Se trata del ave que vuela más alto en la tierra, custodios permanentes de nuestro cielo y símbolo nacional.


Camino a Uspallata


En el descenso dejamos atrás pintorescos

lugares, el Cristo Redentor, Puente del Inca y Punta de Vacas. Encolumnados espaciadamente, descendemos entre paredes de cerros multicolores. Llegamos al vuelo bajo por el Rio Mendoza, la Ruta 7 corre paralela llena vehículos, los que al vernos golpetean el comando de luces a mas no poder.Una gran cantidad de álamos formando diferentes hileras,  un largo puente de hierro rojo, y una pared de piedra a sus espaldas, nos persuaden que la única posibilidad de seguir navegando es virar 90 grados por izquierda. Los Mirage como flechas van ejecutando el cambio de rumbo derrapando uno detrás de otro en un sinuoso recorrido. En un par de minutos nos encontramos con la ciudad de Uspallata, a la que sorprendemos con un pasaje repentino, ruidoso,  nacional y militar.Montados sobre la Ruta 149 nos maravilla un valle amplio forrado de pequeñas fincas. Infinidad de álamos las rodean, protegiéndolas del Viento Zonda, que cuando se enfurece, como una lengua de fuego que desciende de las alturas, se torna violento y sofocante.Las narices puntiagudas de los Deltas apuntan al Norte, marcando en vuelo bajo el límite entre la “cordillera”, todo lo que esta a izquierda y “pre-cordillera”, lo que vemos a la derecha.


Saludando al Padre de la Patria


A lo lejos y por la izquierda aparece un

espejismo que forma parte de la apasionante historia nacional. Los veloces triángulos  van pegados al curso del Río Blanco uno detrás del otro, ¡de repente, quedamos atónitos!, ¡no es para menos!  Remontando el “Paso de los Patos” marchan más de 3000 soldados bien equipados.  Hileras de mulas serpentean con esfuerzo el rio, arrastrando como pueden a la artillería patria, otras llevan en sus resistentes lomos pertrechos y víveres necesarios en el sostén para el duro y decisivo combate que les espera. Identifico en la cabeza de la organizada  columna del Ejército Libertador, al caballo blanco de un valiente que porta un sable corvo en mano, el que como es costumbre, arenga a la tropa alentando vencer al invasor realista.  Tenemos el privilegio de ver a nuestro máximo mártir, el mismísimo General Don José de San Martín, acompañado por sus principales estrategas, los Generales Soler y O´Higgins.La emoción golpea el corazón, lágrimas caen a mi rostro, siento el sudor frío como se deslizan por ambos bordes de la máscara de oxigeno. Resulta imposible contener la euforia al ver a esos valientes. Turbado por un momento, una increíble reflexión viene de repente a mi mente voladora, es el recuerdo de una de las tantas sabias frases que nos dejo el Gran General: “Serás lo que debas ser, o no serás nada”, palabras que se amoldan perfectamente al cumplimento de una verdadera vocación, alcanzada en su máxima expresión por nuestros “Héroes  Malvineros”, eterno ejemplo de guía permanente para todos los que quedamos.Ante un espectáculo inmensamente patriótico y dantesco a la vez, no lo dudamos y viramos sin perder tiempo por izquierda en sentido ascendente al terreno, coincidiendo con la dirección de la columna libertadora. A máxima potencia y gran velocidad, pasamos a media altura alabeando a modo de saludo y aliento. Nos despedimos como corresponde, a nuestra manera, de quienes entregarían  la vida siguiendo supremos ideales patrióticos, los que marcaron a fuego nuestro designio como nación.


Ingresamos al Valle de Calingasta



Retomamos por derecha zambulléndonos en el pintoresco Valle de Calingasta. Adornado por casas que se ubican a caballo de la ruta, al costado del río y en el medio del mismo de este inmenso callejón de roca andina. Mirando a la izquierda disfrutamos de una increíble vista, el enorme Cerro Mercedario con sus respetables 6.770 metros de altura. Pocos kilómetros al frente pasamos por el hermoso poblado de Barreal, luego Tambería y por último Calingasta, punto en el que viramos a 90º hacia la derecha deslizarnos en sentido de la helada agua de deshielo, la que se escurre por el Río San Juan con dirección de un llano que la necesita.


Volando por un valle para disfrutar


Entramos en uno de los valles mas lindos

para volar de nuestro país. Se trata de un pasillo angosto de roca, cuyo recorrido se expresa en un constante y vertiginoso viboreo, curso de vuelo donde hay que saber controlar perfectamente el derrape de una veloz saeta metálica, si es que no deseamos tener problemas y estar expuestos al peligro. El secreto de evitar patinadas con alto riesgo, consiste en dibujar con nuestra nave, la trayectoria de cada curva por el lado de adentro del giro, virando con la cúpula en cercanías de la roca a la vista, dejando que el derrape se produzca hacia la zona ciega (panza del avión), buscando una mayor separación del lado por donde no llego a ver la montaña.Por precaución y mejores condiciones de maniobrabilidad, los Mirage se deslizan como una serpiente por el trabado  cause del río, siempre por la parte más alta y abierta del valle, atentos a localizar cables  que pueden arruinarlo todo. !Solo en 7 cortos días terminaremos con este interesante vuelo, el que mezcla naturaleza con historia americana!

 
 
 

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