Emergencias en un avión de combate - Parte 2
- Luis Alberto Briatore

- 31 oct 2019
- 7 Min. de lectura
Actualizado: 9 nov 2019
Una experiencia distinta en una actividad con características muy particulares
Todos los pilotos tuvimos alguna vez lo largo de nuestra carrera artística alguno de estos episodios no muy agradables llamados comúnmente; “emergencia”, unos muchas y otros pocas, mas y menos complejas, con mayor o menor suerte. En el mundo que rodea a las situaciones anormales sucede algo que atrae a propios y ajenos, este fenómeno sucede en momentos que el o los protagonistas relatan esas anécdotas y casi guiones muy entretenidos de escuchar. Los más hábiles, con una verba asombrosa nos trasladan mágicamente a ese momento de riesgo único, captando en un 100% nuestra atención, ilustrando como en un cuento episodios dignos de transmitir a profesionales del mismo palo, amigos, parientes, hijos o nietos, dependiendo del momento en el que se encuentren transitando en sus vidas. En lo personal puedo relatar varios hechos en diferentes aviones, ambientes, momentos, fases del vuelo, donde pude superar diferentes clases de emergencias, ¡por suerte las puedo contar!, que no es algo menor en una profesión de riesgo donde muchos lamentablemente han quedado en el camino.

En cada especialidad la actividad aérea tiene un desarrollo y características diferentes
Los pilotos de combate operamos en condiciones muy particulares, generalmente estamos en el aire lapsos cortos de tiempo y en muchas más salidas de vuelo que el resto de las especialidades o clases de aviones. La intensidad del vuelo es muchas veces extrema en lo que a maniobras y aplicación fuerzas “g” se refiere, siendo enemigos de los estático. El vuelo recto y nivelado no es nuestro habitad natural, los fierros que volamos normalmente no disponen de limitadores de performance o actitudes anormales, se puede hacer casi todo lo que se nos ocurra, el problema es saber hacerlo, en consecuencia, vivimos el vuelo en un mundo donde lo habitual es operar al límite mientras nos revolcándonos con gusto en el aire. Surfear la línea roja, sumado a la exigencia extrema a la que es expuesto nuestro material, y por muchas causas más, el porcentaje es superior en relación a cualquier otro tipo de avión en lo que respecta a la aparición de emergencias y situaciones anormales, las que en su totalidad derivan en solo anécdotas sin consecuencias, incidentes, y los menos afortunados, en accidentes.
Una manera muy particular de trabajar en una cabina
El poco espacio, la inexistencia de un deseado confort en nuestras reducidas cabinas, el volar solos sin un copiloto que nos asista, mantener las manos casi permanente ocupadas accionado distintos dispositivos desde el acelerador y los comandos de vuelo, imposibilidad de buscar y leer un procedimiento para solucionar una emergencia repentina y muchas veces violenta, por todo lo mencionado y algunos detalles no mencionados, nos vemos obligados a recurrir como única y gran ayuda a un método o género lírico muy romántico por cierto, el que nos permite resolver una situación anormal con rapidez y eficiencia, nos referimos a “la poesía”????. Si queremos movernos por el aire con soltura en alguna de estas naves guerreras, emergencias, procedimientos y limitaciones deben estar perfectamente memorizadas en nuestra cabeza. Nos estamos refiriendo al único e infalible método que disponemos para que los conocimientos salvadores sean expulsados de nuestra mente rápidamente, en el mismo momento que sucede la emergencia. Esta metodología de fijación mental de procedimientos y emergencias, funciona recitándolos una y otra vez, ¿Hasta cuándo? Al llegar a saberlos como el Padre Nuestro. Cuando somos novatos, los repetimos como loros todos los días al amanecer como primera actividad, y los que tenemos más experiencia, examinamos a los mas jóvenes ni bien comienza la actividad del día en el Grupo Aéreo y aprovechando que los pichones cazadores enumeran cada paso del procedimiento elegido al azar, los más viejos repasamos refrescando mentalmente el procedimiento y agregamos valor agregado con algún dato adicional e interesante sobre el caso planteado. ¡No se si se han dado cuenta de algo; les acabo de revelar el secreto que nos permite poder gravar en nuestro rígido mental como resolver una emergencia por los siglos de los siglos! , y además, es un método que actúa al igual que una vacuna, ¡Previene y salva vidas!
Un gran equipo de camaradas que actúa eficientemente cuando un avión entra en emergencia
Durante un día de actividad normal en la vida de una Brigada Aérea, nos damos cuenta que un avión entra en emergencia, cuando de repente, oímos el sonido de distintas alarmas, o en algunos casos, cuando escuchamos una sirena que propaga su sonido kilómetros a la redonda, nos referimos a diferentes señales acústicas que dan la alerta al sistema destinado a asistir a un avión que se encuentra en emergencia. Se trata de un equipo de profesionales que nos cuidan mientras estamos en el aire y sucede un hecho inesperado y peligroso a la vez. En la Torre de Vuelo se encuentra un piloto de combate con experiencia que cumple un turno llamado “Director de Vuelo o Móvil”, este oficial tine una muy importante función, asistir a las aeronaves en vuelo suministrando información necesaria para el despegue y aterrizaje, como así también, cuando uno de los nuestros entra en emergencia, recordándole al piloto en problemas los pasos a seguir de acuerdo al tipo de inconveniente que presenta, además de coordinar con el Controlador de Torre el camino más corto y seguro para que aterrice sano y salvo rapidamente. Simultáneamente se activan todos los servicios de apoyo, esto sucede luego de presionar ese botón rojo y mágico que se encuentra en la consola principal de la Torre de Vuelo. Rompiendo la paz campestre del lugar, estos equipos de personal muy capacitados reaccionan más que rápido, a toda velocidad hacia un costado de la pista, un punto de reunión preestablecido, los que mantiene escucha radial sin perderse ningún detalle de lo que está pasando. El trencito normalmente está formado por una ambulancia, distintos vehículos del Servicio Contraincendios y un equipo de apoyo con personal de mantenimiento. También en esta rápida movida se desplaza el equipo de rescate, compuesto por el piloto del helicóptero, mecánico y médico. Durante una eyección muy distante a la Brigada, a este gran circo se agrega un avión con un personal de pararescate, el que lleva un paracaídas comandado, su función específica es brindarle los primeros auxilios al piloto que acaba de caer en el terreno, otra de sus funciones es señalar una zona segura donde pueda aterrizar el helicóptero de rescate y guiarlo durante la aproximación al punto de recuperación.
¿Cómo prevenir situaciones similares y de qué manera se sana a un avión herido?
Una vez finalizada la emergencia propiamente dicha, ¡esto no queda ahí! En primer lugar, se investiga lo que sucedió, determinándose cuáles fueron la o las causas de lo acontecido, este proceso lo lleva a cabo una Junta Investigadora de Accidentes, normalmente presidida por un Oficial Ingeniero que trabaja en con junto a un equipo de especialistas en accidentes. Concluida la investigación, la Junta de Accidentes emite una Resolución, y cuando esta lo exige, se toman acciones correctivas y preventivas, las que buscan evitar o mejorar las condiciones de operación en el caso de una repetición en un evento con similares características. Por último, una vez que se encuentra liberado el avión por los investigadores, este proceso continua con la reparación de la aeronave. Antes que el avión vuele nuevamente se toman todos los recaudos preventivos, eso se logra reparando o reemplazando componentes, algo que parece sencillo en palabras pero no lo es tanto cuando es llevado a la práctica. La puesta en servicio del avión si nos referimos a tiempo, dependerá de la situación: si estamos en guerra, desplegados en otro lugar distinto al de asiento de la aeronave, o si el hecho sucedió en la Brigada Aérea. En relación al párrafo anterior, resulta extremadamente interesante ver con el profesionalismo que trabaja nuestro personal de mantenimiento, el que lo hace chequeando hasta en el más mínimo detalle, pero lo realmente impresionante, es observarlos cuando el tiempo apremia, como lo fue la guerra por nuestras Islas Malvinas o en un despliegue operativo, los que como abejas en un enjambre, se distribuyen en diferentes partes del avión, cada uno haciendo su trabajo en forma organizada y muy rápida, en un lapso de tiempo que es difícil de imaginar, el avión está reparado y en condiciones de ser probado. Lo asombros es ver la metamorfosis con el paso del tiempo de un avión muy mal herido a uno completamente sano y en servicio. Este espectáculo tan operativamente disfrutable, ocurre en muchas oportunidades trabajando al aire libre en condiciones meteorológicas extremas, donde nuestros Mecánicos llevan adelante las reparaciones o cambios de componentes como contorsionistas, en posiciones corporales totalmente incómodas y trabajando normalmente en espacios muy reducidos, enchastrados con distintos fluidos que son la sangre del avión, sin importar la hora ni el tiempo de jornada laboral, arriesgando en muchos casos la integridad física sin que nadie los obligue ni los mire ¿Porqué sucede este comportamiento tan anormal? Por amor a lo que hacen, sienten que es su deber, por el deseo de satisfacer y servir, muy lejos de pensar en lo material porque el motor que los mueve es una verdadera vocación que siempre está mirando a nuestra bandera, la celeste y blanca. Estamos muy orgullosos de ellos, ¡cómo no estarlo!, si tenemos en boxes un equipo de Formula 1, ¡y es el mejor!, son los que visten con honor un mameluco azul, el que tiene estampada en la espalda una inscripción en letras blancas de tres palabras, la que los hace indestructibles: FUERZA AEREA ARGENTINA. Son los que aportan un descomunal soporte a nuestra actividad operativa, sobre todo cuando se presentan problemas complicados de resolver, y son los culpables en lograr que un puñado de aviones parecieran muchos más, volando mayor cantidad de salidas diarias que lo racionalmente calculado por el fabricante, !por lago los llaman los magos!. ¡Que fortuna tuve al estar estado sentado por tanto tiempo en la butaca marca Martin Baker de la mejor platea, presenciando los malabares de uno de los mejores circos del mundo!, ¡dicho no por mí, sino por los que saben!.
¡Nuestro fuego sagrado!
Una emergencia, que pareciera ser un hecho negativo, desnuda increíblemente algo esencial y positivo, que es el verdadero y genuino patrimonio Institucional: cada uno de sus hombres de este gran equipo de trabajo, supera ampliamente la línea del deber dando un plus, no importa el rol que ocupe, y esta es la respuesta al eterno interrogante de ajenos a la Institución; ¡porque con tan poco hicieron tanto!, orgullosa realidad que nos obliga a gritar, aun estando en “emergencia”, con un fuerte alarido guerrero ¡NO HAY QUIEN PUEDA!








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