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¡LA CAMARADERÍA ES BIEN AERONÁUTICA!

  • Foto del escritor: Luis Alberto Briatore
    Luis Alberto Briatore
  • 31 oct 2019
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 2 nov 2019



Si recurrimos al diccionario para sacarnos la duda sobre el significado de la palabra “camaradería”, este muy sabiamente nos indicará que se la conoce como al vínculo amistoso o de respeto que forjan las personas con intereses o afectos en común. La idea de camaradería puede vincularse también al término compañerismo, pero para nosotros los aeronáuticos argentinos es algo mucho más amplio, con la particularidad que tenemos una la manera que nos diferencia al ejercitarla, componente de mucho peso dentro de nuestra particular idiosincrasia institucional, sello característico que nos distingue. Cuando dos o más individuos son camaradas, están unidos por un trabajo u otro tipo de motivo. La camaradería implica que entre estos individuos existe un lazo de solidaridad, cariño y simpatía. Luego de navegar muchos años por nuestra hermosa carrera militar y aeronáutica, les aseguro que la camaradería es una de las piedras fundamentales de nuestro obrar y sentir. Muchos la confunden con la amistad, relacionándola solo a un nexo afectivo, ¡y no es así! Estamos hablando de algo con una mayor relevancia y profundidad dentro de nuestra vida profesional, de un vínculo extremadamente fuerte, distinto y que nos une sin importar la jerarquía, especialidad ni experiencia, este fenómeno tan positivo y reconfortante va mucho más allá, su existencia inevitable en nuestra Institución reviste de una importancia crucial para una carrera donde todos debemos estar dispuestos a entregar la vida por la Patria si es necesario. La podemos simbolizar como unos brazos que nos aprietan bien fuerte a todos dentro de una misma conciencia espiritual e identificación de ideales que mucho tienen que ver con nuestra Patria y el honor de defender la celeste y blanca; no importa el puesto que ocupemos, ser superior o subordinado, el estar en tierra o en vuelo, la camaradería es un paraguas debajo del que estamos todos, involucra a un ideal que nos identifica y por el que somos capaces de darlo todo de ser necesario.



Visto por un ajeno a la Institución no se llega a percibir la verdadera dimensión de este lazo indestructible, hay que vivirla y provocarla en situaciones decisivas para absorberla y disfrutarla. Al compartir una misma actividad con un enorme compromiso, la camaradería es la que logra en el grupo un enfoque perfecto hacia el objetivo que tenemos en común, sin necesidad que nos lo estén recordando o controlando todo el tiempo. Si bien hay una parte importante que viene de nuestra cuna, nuestra formación profesional hace más fuerte este increíble vínculo colectivo, el que tiene una estrecha relación con los históricos logros Institucionales obtenidos, tanto en la paz como en la guerra. Es increíble observar a una organización que cree fielmente y aplica en la actividad diaria el concepto de "camaradería", entre hombres y mujeres que no se conocían con anterioridad, ni habían cultivado una amistad previa, o aceptando que nuevos integrantes se integren a un grupo de trabajo otorgándole confianza plena desde el primer minuto, y esta virtud tiene más valor al tratarse de una actividad donde enfrentamos situaciones extremas que involucran riesgo cotidianamente. El solo hecho de tener una misma formación y compartir valores es garantía de confianza y de fortaleza para soportarlo todo. La Fuerza Aérea Argentina está impregnada de una sana camaradería, es algo real, no es de película, se refleja cuando confiamos en el otro, hago lo posible para solucionarle los problemas al de abajo, actuamos sin esperar nada a cambio, solo porque así lo sentimos y tenemos la intensión de hacerlo dejando de lado los intereses particulares. El buen camarada es muy valioso y debemos cuidarlo, le ofrecemos lo mejor porque sé que él haría lo mismo por mí. Este es un componente importante en nuestro estilo de vida, un sentimiento que va más allá de lo profesional e impregna lo familiar. Aplicable a todos los ámbitos; en una misión operativa, en un festejo, trabajando en una planificación, enseñando, volando, por dar solo algunos ejemplos, pero es mucho más fuerte cuando las condiciones de riesgo son más extremas, un ejemplo de ello fue la Guerra por nuestras Islas Malvinas. Este sentimiento que nos hace fuertes profesional y socialmente, estrecha relaciones y se esparce por todos los ámbitos, sin envidia, sin rencores, sin ventajas, sin falsedad y con respeto, intentando llegar a la excelencia con humildad, siempre buscando nuestro fin último, “DIOS, PATRIA, HOGAR”.



El personal militar en la mayoría de los casos no nos tuteamos, tomamos mates juntos de manera amena, disfrutamos y compartimos situaciones cómicas, compartimos vivencias apoyándonos en buenos y malos momentos, damos y recibimos consejos, nos respetamos, ayudamos y protegemos al que lo necesita, en definitiva “somos buenos camaradas”. Durante la guerra este sentimiento fue vital y determinante, hizo mantenernos unidos y cohesionados actuando con una misma identidad, aplicándose al pie de la letra aquel famoso dicho; “La unión hace la fuerza”. Esa actitud y sentimiento común hizo lo que nadie en el planeta creía posible según los cálculos y como toda ecuación matemática no tuvo en cuenta un detalle determinante; ¡nuestra arma secreta!, la que no había sido comprada a ningún poderoso, el factor decisivo radico en que todos los hombres de la Fuerza Aérea Argentina tenían un mismo corazón por el que circulaba sangre celeste y blanca, operando en un marco de camaradería bajo un juramento tácito, el de cuidarse y protegerse como si de hermanos se tratase. Por todos aquellos que cayeron en bien del servicio, que fueron un ejemplo de excelencia en la camaradería, ofreciendo sus vidas por todos nosotros, gritamos bien fuerte; “NO HAY QUIEN PUEDA”.



 
 
 

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