La muerte y situaciones de riesgo en la vida del Piloto de Combate
- Luis Alberto Briatore

- 11 ene 2020
- 9 Min. de lectura
Se trata de un tema muy delicado y sensible para muchos, principalmente por las cicatrices que la muerte producen en el alma de los que quedamos, las que son difíciles de sanar, aun así, todos los que volamos, tarde o temprano nos planteamos como enfrentar este tema que está vinculado a nuestra actividad.
Buscando introducirnos en un tema que todos en algún momento nos preocupa por el riesgo que rodea al vuelo, y en especial a algunos tipos específicos de actividad aérea desarrollada con una mayor cercanía a los límites o línea roja. Comenzaremos con antecedentes históricos, para luego, aportar experiencia de carácter personal.
Nos remontamos a la Primer Guerra Mundial
Retrocedamos en el tiempo para ubicarnos en nuestros orígenes, centrándonos en uno de los precursores de la aviación de combate y uno de sus máximos exponentes, Manfred Von Richthofen, o más conocido como “El Barón Rojo”.
Hace apenas más de un siglo moría este emblemático piloto, más precisamente en el año 1918. As piloto alemán de la Primera Guerra Mundial, Richthofen alcanzó un tremendo prestigio por ser el más temido de los cazadores por aquellos tiempos, logro alcanzado por una mezcla de cautela y destreza en su actuar, analizaba donde volaba ¡y si había mucho que arriesgar!, se retiraba del posible combate y volvía a su base. En aquella época, se convirtió en el piloto más famoso y trascendiendo hasta nuestros días. Su prestigio y capacidad le abrió el camino para comandar desde muy joven su primer Escuadrón de combate, la “Jasta 11”, más tarde se lo conocería como “Circo Volante”, llamado de esa manera, gracias a los diversos colores con que estaban pintados los aviones que conformaban esta agresiva escuadra. La historia nos cuenta que Manfred Von Richthofen pinto su biplano Albatros, en primer lugar, y luego el Fokker triplano, de un llamativo color rojo, el objetivo, atemorizar a los pilotos enemigos más novatos. De ahí proviene la famosa e imborrable manera que era llamado, “Barón Rojo”. Había alcanzado un récord asombroso, 80 derribos, cuando el promedio de los pilotos con victorias en combate aéreo promediaba entre 4 y 8.
Este gran piloto de caza, era un militarista arrogante, ambicioso y ególatra, que guardaba como buena ave de rapiña, una pieza recordando a cada una de sus presas, ordenando hacer trofeos de plata conmemorando cada derribo, trofeos que conservaba en su rincón cazador.
Desde los comienzos, la contienda aérea transcurrió inmersa en estrictos códigos de honor, respetados y perfectamente definidos, además, con actitudes muy nobles y ejemplares hacia los más inexpertos en este apasionante arte del combate aéreo. “Entre los pilotos veteranos había la costumbre muy entendida de intentar cuidar, en la medida de lo posible, a los más novatos”.
Haciendo un análisis de este increíble y valeroso As de la Primera Guerra Mundial, hoy cuesta entender cómo es que el legendario Barón Rojo, el aviador más letal de la Gran Guerra, cometió el error que le llevó hasta su muerte: sobrevolar a baja altura las líneas enemigas con fuerte presencia de artillería de los aliados, hecho que sucedió seis meses antes de finalizar la guerra.
Los pilotos de caza por aquellos tiempos alcanzaban una esperanza de vida demasiado exigua, muchos de ellos no llegaban ni a combatir, ya que morían debido a distintos fallos técnicos, por tratarse de aviones muy primitivos y básicos propulsados por un motor a hélice, a los que con el solo hecho de agregarle una ametralladora, se transformaban en aviones de combate.
Desde un principio el Piloto de Caza convivía extremadamente cerca de la muerte, fantasma que necesitaba neutralizar si tenía la intensión de desarrollar su destreza con frialdad y eficiencia.
Actitud del piloto ante este fantasma
Realmente la muerte en nuestra profesión, es un tema inevitable de abordar, y a la vez, muy difícil de analizar y procesar. Si bien hay actitudes más generalizadas entre los pilotos, en muchos casos talla el sello personal. El pensamiento, enfoque y criterio que un aviador de combate adopta acerca de la muerte, tiene muchos matices y no resulta sencillo de entender a la vista de un ser normal ajeno a esta actividad, el que seguramente vive una vida sin mayores sobresaltos. Enfrentar y codearnos con el riesgo a diario, es un constante desafío, debiendo adoptar una actitud inmune a trastornos psicológicos, fortaleciendo el indispensable espíritu aguerrido, el que nos permite volar al límite y asumiendo riesgos, sin tener la necesidad de estar pensando permanentemente en la fatalidad o el peligro.
La experiencia personal
Por tratarse de un tema tan singular, delicado y susceptible a muchos, lo expresado es solo un enfoque personal, extractado de lo vivido en una prolongada e intensa carrera como Piloto de Caza, tema que por fortuna metabolicé desde muy joven, más precisamente, poco después de comenzar a prestar servicio como aviador militar en la gloriosa Fuerza Aérea Argentina. Por aquellos días, fui testigo de muchos accidentes donde hubo que lamentar muertes, en la totalidad de los casos, se trataba de camaradas sanos, jóvenes, con una carrera que comenzaban a saborear, recién casados y felices de estar disfrutando de una hermosa familia, o solteros que compartían alegres momentos con sus amigos. Al no haber una enfermedad terminal de por medio o un mal arrastrado durante mucho tiempo, no estamos preparados para afrontar esta injusticia de la vida, y nos preguntamos muchas cosas: ¿Porque él o ella? ¿Podemos quedarnos sólo con un consuelo espiritual o con una herida que nunca sane?, estos y muchos más interrogantes, difíciles de procesar y superar.
En mis comienzos, y ante el desafío iniciar una actividad y vocación que siempre soñé, creo que pensé poco y nada sobre este tema tabú, recién lo hice cuando la muerte pico cerca de mis pies, esto sucedió en mi primer destino, la IV Brigada Aérea, situada en la Provincia de Mendoza. Transcurría el segundo año de Alférez, ya casi finalizaba el año, cuando la fatalidad golpeo la puerta del Escuadrón donde prestaba servicios. Todo paso muy rápido, ¡como siempre!, en un día totalmente normal, de repente, perdimos a un compañero de promoción, mientras volaba el mítico Sabre F-86 F. Esa muerte es la que más me afectó en toda mi carrera, y fue también, un punto de inflexión para adoptar una actitud distinta y necesaria frente a esta temática. Este cambio interior e instintivo, ¡no me expliquen porque!, pero se trató de una mutación repentina, actitud que perduró por siempre. El poder procesar este lúgubre pensamiento de una manera distinta y menos traumática, permitió que de allí en más, volara teniendo una exacta conciencia de los riesgos que afrontaría en el estilo de vida que había elegido voluntariamente, asumiéndolos de una forma diferente, con más paz, evitando que esta nube negra perturbe la actividad aérea en el día a día.
Si queremos buscar un motivo a la tragedia irreversible, y estamos sugestionados con la muerte, casi todo lo que hacemos va a implicar más riesgo que el real, y si tenemos intensión de asociar cada vuelo con el peligro, se hace imposible sostenerse dentro de esta actividad, transformándonos en un ser inseguro y al borde de entrar en problemas serios cuando nos encontramos al mando de nuestra aeronave. Algunos pocos pilotos pueden llegar a entrar en un estado de pánico o de permanente duda luego de una situación traumática o accidente, en caso de suceder y no poder salir de este estado, indefectiblemente hay que recurrir a una ayuda profesional, es un hecho que nos lleva a tomar una decisión muchas veces dolorosa como profesionales del aire: dejar la actividad aérea, cambiar de especialidad o hacer un replanteo de nuestro futuro con ayuda psicológica y de los pilotos más experimentados , de lo contrario, pasamos a ser miembros del peligroso club de los inseguros. No por casualidad, en el examen psicofísico, el que es efectuado anual o semestralmente por cada piloto, se busca la detección de estos casos y poder tratarlos, buscando evitar un riesgo potencial, los que en muchos casos, han sido y serán causa de accidentes.
Un cambio de actitud
Hace mucho tiempo leí un libro acerca de la Guerra de Vietnam, donde un piloto de un Grumman A-6 Intruder mencionaba el sucesivo cumplimiento de misiones, en las que sufrían un porcentaje de bajas elevados, motivadas por misiones con altísimo riesgo, situación que dificultaba mantenerse psicológicamente fuerte, y con espíritu para salir en una nueva misión. Este piloto Caza Bombardero, mencionaba que él había muerto con la primer pérdida de un compañero de vuelo y amigo. Luego de ese trágico suceso cambio su mentalidad para digerir y superar situaciones similares, no buscando ser insensible, sino lograr una inmunidad mental que le permitiera volar sin pensar en lo peor todo el tiempo. Confieso que esta reflexión, sin haber participado de guerra alguna, se ajustó a mi experiencia personal sobre el tema y el cambio de actitud ante esta incómoda temática. Parece un pensamiento frió, pero es necesario de adoptar en esta hermosa y riesgosa actividad, buscando resolver de alguna manera este dilema, y con el tiempo nuestra fortaleza mental se irá forjando hasta poder procesar de la mejor manera estos terribles y desafortunados hechos.
Una prueba de fuego
Tomando como ejemplo una experiencia de vida, puedo compartir con ustedes el proceso mental, luego de superar una experiencia traumática, no superada por algunos pilotos, como lo es una eyección. Cuando me toco volar por el aire despedido desde la cabina de un veloz Mirage, me encontraba felizmente casado, con cuatro hijos y en pleno apogeo profesional. La actitud posterior a este impactante hecho, luego de estar cara a cara con la muerte y salir airoso, sin que nadie me empujara a nada contra mi voluntad, fue comenzar a volar de inmediato, y les aseguro que luego de haber sobrevivido a ese momento tan traumático, en lugar de debilitarme, sentí mayor fortaleza y un crecimiento de la autoestima, afortunadamente. Este mecanismo mental de autodefensa, que es totalmente personal, y factor común en muchos de mis pares, surge inconscientemente, esto sucede gracias a un proceso de maduración en el tiempo, que comienza en los inicios al comando de una aeronave, y luego de distintos hechos contundentes que se van concatenando a lo largo de la carrera, hacen cada vez más impermeable y fuerte ese indispensable espíritu guerrero.
Cuando sucede un accidente con un lamentable desenlace fatal, y más aun, cuando es una persona muy cercana a nuestros afectos, una de las reflexiones que pueden invadirnos y turbarnos, es ¿porque a él y no a mí? Otro comportamiento que puede llegar a presentarse como normal, para aquellos que han visto la muerte de cerca, es no pensar en uno mismo, sino en los que ya no están: ¿Por qué ellos se fueron y yo sigo aquí?
Estas son algunas de las batallas psicológicas que enfrentamos los pilotos cuando estos sucesos no deseados están rondando en nuestras vidas. Lo fundamental es superarlos, algo que no es fácil, pero de extrema necesidad, en un estilo de vida donde vamos a convivir seguramente con estas situaciones en muchas oportunidades. Probablemente estaremos cara cara con este fantasma, el que por ningún motivo debe perturbar nuestra actividad diaria !algo fácil de decir pero no de llevar a la práctica en algunos casos!
En una guerra todo es mas complicado
Durante los conflictos armados, la situación se agrava por tratarse de una situación más duradera, donde el riesgo se multiplica exponencialmente, sumado a la lejanía de nuestro entorno familiar. Contrario a lo que muchos creen, y por todo lo expresado en relación a la muerte y sus tremendos efectos, los militares somos los que menos deseamos la generación y participación en conflictos bélicos, aunque seamos los primeros en actuar cuando La Patria lo pide.
Durante la guerra, la presencia de la muerte provoca una serie de emociones incontroladas como el miedo, influenciada por muchos factores que agravan este terrible y no deseado estado: el azar o las malas decisiones, la impericia e imperfecciones de nuevas tecnologías, la ignorancia, los que pueden probocar pérdidas irreparables como la vida misma, o la falta de acierto en temas de psicopatología y de medicación durante las batallas, factores que han tenido enormes costos ante la pérdida de vidas humanas, y podemos enumerar muchas causas más, las que normalmente afectan a los pilotos cuando participan en una contienda real.
Algunas actitudes nos acercan más a la línea roja
Pasando a tiempos de paz, uno de los factores que incrementa las posibilidades de muerte, guarda una íntima relación con la personalidad del piloto, nos referimos a una actitud temeraria, la que perjudica también a terceros, por tratarse de un mal ejemplo a seguir, donde las consecuencias pueden llegar a ser nefastas y contrarias a la necesaria disciplina que rige la actividad aérea. Este último factor de riesgo autogenerado, guarda estrecha relación con el ego, en las repetidas búsqueda de mostrar a terceros la pericia al maniobrar y dominar una aeronave, normalmente frente a gran cantidad público en tierra o ante un compañero piloto que nos acompaña en vuelo, actitud íntima y directamente relacionada directamente con la indisciplina en vuelo.
Conocer más
Es indudable que nos encontramos frente a una temática muy interesante de abordar, principalmente por la poca difusión que tiene este tema para los amantes de la aviación, principalmente para los que no son pilotos, además, por no tratarse de un tema grato para los que amamos la vida. No obstante, el abarcar solo algunos aspectos de la infinidad de facetas que pueden llegar a ser analizadas, permite conocer más en profundidad acerca de nuestro sentir y actuar como pilotos, mientras nos encontramos al mando de poderosas y admirables máquinas voladoras.
























Comentarios