¡Los Mirage se atreven a navegar hasta “el fin del mundo”! Parte 3
- Luis Alberto Briatore

- 1 feb 2020
- 14 Min. de lectura
Había que juntarse
Como Líder de la Escuadrilla Laser, acelero, y al llegar a 420 nudos / 778 km/h comienzo el ascenso colocando un viraje por izquierda buscando un rumbo general Sur, directo hacia la Isla de Tierra del Fuego. Acortando distancia por adentro del viraje, los Numerales se posicionan lateralmente y a lo lejos. Una vez que estamos en rumbo, logran acomodarse, quedando uno a cada lado, a unos 3000 metros separados del Guía y a nivel, en una formación defensiva, donde cada avión vigila la cola del otro.
Disfrutamos de un paisaje distinto, todo el terreno se encuentra pintado de blanco, con un corte abrupto en una franja oscura que confirma la presencia del Estrecho de Magallanes. Puedo observar la boca oriental, como si se tratara de un mapa escolar usado en una clase de geografía. Distingo perfectamente la ultima puntita del continente americano separada de lo insular.
Una vez establecido contacto con el radar, mantenemos silencio radio, a sabiendas que nos están cuidando y siempre alertas ante el acercamiento de algún eco no identificado.
Ingresando a la Isla de Tierra del Fuego
Solo ascendemos a 26000 pies / 7825 metros, buscando no superar el nivel de estela de condensación, evitando delatar la posición de la Escuadrilla a mucha distancia.
Pasados la Bahía de San Sebastián, de acuerdo a lo planificado, comenzamos un descenso por debajo del lóbulo radar de un hipotético sensor de vigilancia enemigo. Bajamos la nariz con frenos de vuelo afuera, manteniendo 0.9 de Mach hasta acoplarnos a los 480 nudos / 889 km/h de velocidad indicada. A nuestro frente, visualizamos al hermoso Lago Fagnano de un azul intenso, al que lo cruzaremos por el Oeste.
Se viene el vuelo bajo
La Escuadrilla achica distancia a medida que nos acercamos al terreno montañoso y totalmente nevado, momento en que introducimos los frenos de vuelo favoreciendo la aceleración.
El aire se presenta totalmente calmo y muy frío, condiciones que favorecen las condiciones de penetración con menos uso de potencia. En poco tiempo llegamos a volar en cercanías del terreno montañoso totalmente tapizado de cipreses, la conífera más austral del planeta. Al frente tenemos las últimas estribaciones, la cadena montañosa del Martial, una de las partes más bajas de la Cordillera de Los Andes.
Vamos rozando los picos tapizados con nieve eterna, y una vez cruzado el último cordón montañoso, nos zambullimos por un tobogán imaginario. Adoptamos una formación en columna, la que nos permite visualizar mejor el irregular terreno montañoso y evitar todo riesgo de colisión, no solo contra la montaña, sino también cables de alta tensión y aves. Los 3 Deltas desembocamos en un valle que nos lleva directo a la ciudad más austral del mundo.
A la vista de Ushuaia e ingreso al Canal de Beagle
Como sacado de una postal, aparece de repente ante nuestros ojos la pintoresca ciudad de Ushuaia. De fondo, el tan conocido para los argentinos, Canal de Beagle. Continuamos bajando como flechas directo a la pista vieja, sorprendiendo por la espalda a una de las ciudades más bellas de nuestra amada argentina. Le entramos con un buen rasante marcando presencia. Es uno de esos pasajes que les gustan a los Patagónicos, teniendo en cuenta que un vuelo bajo de un avión militar por estas tierras tiene un significado especial para ellos. Sentir el estruendo y luego vernos pasar, los alegra, porque saben que no están solos en una región tan lejana y muchas veces olvidada por los del Norte. Nos ven como emisarios portadores de una gran ofrenda, enviada por la gloriosa Fuerza Aérea Argentina, dirigida hacia la forjada población de habita estas tierras tan australes, los que sienten en su corazón muchísimo nuestra bandera, e interpretan este hecho como un gesto, en este caso, sinónimo de “soberanía”.
Finalizado el pasaje, inclinamos por izquierda pegados al agua y metiendo “G”, marcando 3 triángulos que se desplazan fugaces sobre el horizonte. Comenzamos a navegar uno de los paisajes más hermosos de nuestra Patagonia,“El Canal de Beagle”. Lo llamaron así, en homenaje al barco “HMS Beagle”, el cuál realizó un estudio de estas costas entre los años 1826 y 1830, al mando del Capitán Phillip King.
La sombra de los 3 Mirage se dibuja perfectamente sobre un espejo de agua planchado, los que se desplazan a una velocidad rosando lo infernal. Mientras mantenemos una formación en línea, el M-5 Mara de la derecha va remarcando con la puntera, el límite sur de nuestra querida Patria.
Sobrevolamos el primer Faro histórico
Acabamos de dejar atrás un hito histórico, el Faro Les Éclaireurs, con un patriótico e incansable servicio desde el año 1920.
En la primera parte nos encontramos con algunas embarcaciones argentinas, y al poco tiempo quedamos en soledad total, inmersos en una postal agreste, recorriendo el Beagle más veloces que nadie, rodeados de un paisaje indescriptible, y a la vez indomable.
Con un repentino estruendo pasan los 2 veces más rápido que el sonido, la paz del lugar se quiebra por un momento, petreles, gaviotas y cormoranes en el mismo instante que nos escuchan, con regocijo, comienzan a batir sus alas al mismo tiempo, abandonando las frías aguas para homenajear nuestra soberana presencia.
Pisando el límite
Sin olas y desde el aire, observamos un espectáculo magnifico, bajamos la vista sobre un veril cristalino, escondite de una abundante vida marina, donde descansan restos de desafortunados naufragios, lugar de tesoros no descubiertos aun, camino con muchas historias de tantos osados que se atrevieron a enfrentar la adversidad.
Volamos en una costa que se torna totalmente irregular. Entradas con amarres de madera rústica, añeja y erosionada, apostaderos en sintonía con el lugar, los que adornan un paisaje único, y disfrutado solo por pocos.
Abandonamos el vuelo rasante para observar desde una altura intermedia, al poblado chileno de Puerto Williams, divisamos perfectamente la pista pegada al agua, con la típica orientación para toda la Patagonia, Este-Oeste, 08/26. Volvemos a pegarnos al espejo de agua helado, la Isla Navarino nos vigila desde la derecha. El paisaje es alucinante, abundan detalles que hacen muy placentero e inolvidable el vuelo. A tanta velocidad todo pasa raudo y veloz, a tal punto, que en pocos minutos observamos a la isla chilena Picton, más adelante y más lejana, se divisa la Isla Nueva.
Se vienen complicaciones típicas del “fin del mundo”
Avanzamos haciendo equilibrio sobre el límite más austral, en momentos que la Cordillera de los Andes comienza a sumergirse en el helado océano, lo hace solo por unos pocos kilómetros. Las condiciones comienzan a cambiar al pasar Lateral Cabo Buen Suceso, último punto del canal, donde los Deltas inician un permanente e inquietante bamboleo, el que se torna casi violento y muy molesto. Entramos en zona turbulenta, la naturaleza nos daba un anuncio bastante claro; estábamos ingresando al Estrecho de La Maire, punto donde el agua bulle por el choque de dos fortísimos titanes, la corriente marina que baja desde las Islas Malvinas, y los vientos desenfrenados provenientes de la Antártida. Las condiciones de turbulencia nos obliga a bajar la velocidad a 420 nudos / 778 km/h, buscando no sobregetear nuestras nobles máquinas guerreras, las que vienen respondiendo de maravilla. Obligados por la violenta turbulencia, y por respeto a un océano enfurecido por osar desafiarlo, subimos un poco, mientras los Mirage continúan aleteando, afectados ostensiblemente por innumerables cortantes.
Tenemos ante nuestros ojos el fin del mundo
Al girar la vista a la derecha en dirección a la Antártida, observamos el verdadero fin del mundo, antecedido por una pared de niebla bien espesa, la que impide ver el horizonte. Ya he volado en otras oportunidades este tramo, dando toda la impresión que en el Pasaje de Drake se encuentra la puerta de entrada a una zona tenebrosa, ¡las temidas tinieblas! Sabemos que eyectarnos en estas aguas congeladas e indomables, las posibilidades de supervivencia son nulas, ansiando ver la tierra firme nuevamente.
Para ese mismo lado, el Sur, se encuentra la Base Vicecomodoro Marambio, distante a un poco más de 1200 km, lo que nos da una idea de la inmensidad de estos lugares tan remotos del planeta, donde las condiciones para la vida humana son extremadamente complicadas, o mejor dicho, casi imposibles. Nos encontramos frente a uno de los pasos más difíciles de navegar en el mundo, ¡y lo estamos sufriendo en carne propia en el aire!
Por fin la Isla de los Estados
Dejamos el Canal de Beagle y en solo 24 km a nuestro frente, emergen de las profundidades Los Andes nuevamente, dando a luz a la tan esperada “Isla de Los Estados”. Se trata del último grito de vida sobre la superficie, antes de sumergirse nuevamente hasta la lejana Península Antártida.
Nos estamos dirigiendo a la conocida por los marinos como Isla Fantasma, apodada de esa manera por el manto de nubes que la cubren en forma casi permanente, haciéndola misteriosa, en muchas oportunidades tenebrosa, a veces más austral e indomable para el hombre.
A medida que nos acercamos a la Isla, la turbulencia se apacigua, ¡señal elocuente, de haber comprendido el mensaje que nos envía la sabia naturaleza!
Ingresamos por el extremo Oeste, por la Península López, el paisaje cambia significativamente. Nos encontramos frente al único lugar de la Argentina con fiordos. Se trata de paredes majestuosas, elevadas 800 metros, las que caen abruptamente hacia las profundidades de un mar gélido, rodeado aguas solitarias pero llenas de vida, ¡un paraíso al que pocos llegan y donde muchos han quedado para siempre! Nos encontramos en uno de los lugares más bellos y peligrosos de fin del mundo, tierra de naufragios, corsarios y aventureros, que añeja cientos de historias y escritos, testimonios de un lugar indómito y único.
Julio Verne está presente
Delfines, lobos marinos, pingüinos, orcas y ballenas observan a sus custodios del aire pasar, en momentos que incursionamos, nada más ni nada menos, sobre el mágico lugar donde el mítico Julio Verne eligió para escribir en 1905, un clásico de la literatura, “Faro del Fin de Mundo”, "Le phare du bout du monde", !hoy, replica nuevamente reconstruida!
Paisajes increíbles
No podemos creer todo lo que estamos viendo. Extasiados por el paisaje pasamos como 3 insignificantes miniaturas por el medio de dos islotes altísimos e inaccesibles, llamados Dampier, ubicados al Sur de la isla, los que albergan a gran cantidad de gaviotas y cormoranes que revolotean por doquier. Es tal la cantidad de aves, que se asemejan a primera vista, a la imagen típica ante la entrada un equipo a un gran estadio, en momentos que los fanáticos lanzan miles de papelitos blancos. Máxima expresión de vida silvestre vemos en esos pedazos de roca que emergen del mar prácticamente vertical. Continuamos con rumbo general Este, siguiendo el contorno de una accidentada costa sobrevolándola en sentido antihorario.
Una vez que llegamos al extremo Este, vamos virando por izquierda hasta quedar de cara al continente, el próximo objetivo, pasar por la vertical al Faro del Fin del Mundo, o bautizado en su creación como San Juan de Salvamento. Comenzó a construirse en año 1884, funcionó guiando a los intrépidos navegantes hasta 1º de octubre de 1902. Media tan solo 6 metros de altura y estaba a 60 metros a nivel del mar, ¡hoy afortunadamente totalmente reconstruido como Monumento Histórico Nacional! De muy pequeñas dimensiones, logramos verlo luego de bloquear la coordenada del waypont, no sin antes, haber efectuado un gran esfuerzo de búsqueda visual.
Sobrevolando asentamientos navales
Sobrevolamos la Isla buscando que nos vean los pocos ocupantes que la habitan, homenajeando en este pasaje simbólico, a todos aquellos hombres y mujeres que hacen Patria con mucho sacrificio, en completa soledad, dentro de un lugar tan salvaje, inhóspito y muy recóndito de la tierra.
Sobrevolamos Puerto Parry y posteriormente Puerto Cook, ubicados en fiordos que esconden un paisaje novelesco. Todo transcurre en medio de una orografía para guardar cuidado. Las enormes y altas piedras, las corrientes de aire con cortantes bruscas y el paisaje que nos fascina, sumada la irresistible curiosidad que nos invade, conforman un combo de factores ideales para pecar por distracción. Por fortuna somos profesionales y podemos dominar ese cóctel de riesgo, con mucha atención y refiriéndonos los obstáculos entre aviones, tratamos de evitar cualquier error que ponga en peligro a cualquier integrante de la Escuarilla, ¡Argentina nos necesita, al igual que nuestras amadas familias!
Un faro mítico para los navegantes antárticos
Finalizado el apasionante sobrevuelo de esta bella isla, nos lanzamos sobre un océano salvaje, apuntándole directo al Faro Año Nuevo, situado en la cercana Isla Observatorio. La distinguimos muy fácilmente, se trata de un macizo que surge del agua sin existencia de vegetación alta, la que emerge del agua como una semicircunferencia, bastante plana con una única construcción notable, el tradicional faro a rayas, de solo dos colores, rojo viejo y blanco. Al pie de la columna a rayas, observamos una construcción, la que en el techo ostenta algo hermoso, con mayor peso específico por la latitud en que se encuentra; la Bandera de Guerra Argentina. Este faro presta servicio desde el año 1901, hoy en día funciona automatizado.
Datos que nos ilustran
Abandonamos las mítica Isla, a sabiendas que fuimos muy afortunados en lograr disfrutarlas en su totalidad, pues este extremo insular argentino, presenta 248 días cubiertos por nubosidad al año, afectado por lluvias que llegan unos 3000 milímetros al año, 6 veces más que Ushuaia, creando condiciones para la existencia de bosques siempre verdes de guindos y canelos, albergando especies autóctonas de arbustos frutales, como el maitén y el michay, además de helechos y flores silvestres en un terreno de turba mullida. Un verdadero paraíso conocido por pocos.
Próximos al ataque
Volvemos a la formación en línea y nos pegamos bien al agua. Nos encontramos en cercanías de nuestro objetivo simulado, destruir los hangares del Aeropuerto de Río Grande, empleando un bombardero en picada, efectuando el lanzamiento de bombas lisas en altura.
Rozando la cresta de las olas y a un par de minutos del punto de llamada, selectamos a propia voz de mando el panel de armamento. Los Deltas se escalonan a la derecha favoreciendo el posicionamiento antes de entrar en la final el tiro. Sobre el punto previsto, colocamos presión de palanca atrás con unas 3 “G”, conectamos la post combustión subiendo rápido y llegando bien alto. En poco tiempo alcanzamos los 30.000 pies / 9.145 metros, altitud de entrada a la corrida de lanzamiento. Al bajar el plano izquierdo, me encuentro en el punto correcto de ingreso a la picada. Continuo la maniobra inclinando en un movimiento continuo. Al cortar la postcombustión, mediante un quiebre del acelerador en retroceso, invierto el Mirage M-5 Mara continuando la reducción a 7000 rpm y simultáneamente saco frenos de vuelo. Mientras estoy totalmente patas para arriba, la nariz cae sola por la gravedad, hasta llegar a unos incómodos 60 grados de picada, ¡Es como estar parado dentro un tubo transparente! Poco antes de lograr semejante ángulo, con un medio giro me encuentro con la actitud correcta. El ángulo de picada es impresionante, busco mantenerlo metiendo un poco de “G” negativa y me encuentro colgado y contenido por los arneses. El velocímetro con tanta nariz abajo, sube más de lo debido !Hay que reducir a ralentí para detenerlo! Coloco el dedo pulgar derecho en apresto para lanzar, mientras me esmero en lograr una correcta puntería. En milésimas de segundo y en el momento preciso, presiono el botón lanzador. Los ganchos ventrales de abren, las bombas imaginarias caen mientras se van armando en el aire. Por efecto aerodinámico de la cola se estabilizan perfectamente, van describiendo una parábola con destino inexorable a un gran hangar. La instalación de importantes dimensiones sería destruida en segundos si se tratara de una situación real y la misión cumplida con éxito.
Efectuado el lanzamiento, salgo de la picada colocando 4,5 “G”, de manera progresiva evitando sentar el avión y ahogar una necesaria y rápida aceleración. Los frenos de vuelo se introducen a mismo tiempo que las RPM aumentan a 8400, entregando la máxima potencia en motor seco (sin PC). El altímetro se detiene en 17.600 pies / 5.365 metros, asegurando no ingresar en la envolvente de cañones de la mortífera artillería antiaérea de tubos, defensa del blanco ¡Ahora es momento de escapar!
Rumbo a nuestro hogar
Recibo la comunicación del último avión que acaba salir, signo de que todo viene bien y de acuerdo a lo previsto. Salgo al frente y virando levemente por derecha hasta detenerme vertical la línea de costa. Los 3 aviones nos encontramos a la vista, ambos numerales vienen a las chapas tratando de alcanzar como sea al Nº1. Continúo el descenso tipo misil, los Numerales que vienen más veloces aun, con anticipación, se ven obligados a reducir buscando la posición correcta en una formación defensiva, atenta y vigilante ante una Patrulla Aérea de Combate que nos pueda interceptar.
Perdiendo altura en el escape, aceleramos y volvemos al vuelo bajo, inmersos nuevamente en el típico paisaje patagónico. Incrementamos la velocidad buscando atravesar otro importante hito austral, la boca oriental del Estrecho de Magallanes. Casi abandonando la Isla de Tierra del Fuego, vemos al Oeste y sobre el mar, a un par de plataformas chilenas de petróleo con la típica llama quemando gas en superficie, semejante a un fosforito encendido en el medio del agua. Nos encontramos volando muy bajo y con un mar de olas pequeñas que forman diminutas líneas blancas.
Seguimos pasando hitos
Abandonamos la Isla de Tierra del Fuego por el extremo norte, lo hacemos por el Cabo Espíritu Santo. A la izquierda de la Escuadrilla, tenemos a la Punta Dúngenes, y directamente al frente sobre el horizonte, se asoma una estructura vertical, se trata del punto Sur más continental de la República Argentina, el Faro Cabo Vírgenes, declarado monumento nacional, en continuo servicio desde 1904. Visualizamos las clásicas rayas negras y blancas, nos encolumnamos, apunto levemente al costado, volando a una altura que coincide con el medio de la estructura vertical. Buscamos darle una alegría a sus incansables guardianes haciéndolos salir de la monotonía austral. Una vez que pasamos alabeando con unos 20 segundos de diferencia, viramos levemente a la derecha, continuando a hacia el Norte, retomando el vuelo por la línea de costa.
Notamos que el agua se había retirado significativamente mar adentro, algo normal por estas latitudes. La bajada o subida por marea puede llegar a los 15 metros, fenómeno extremo, como muchos otros que suceden solo en estas recónditas tierras.
Un broche final emocionante
Nos encontramos a unas 20 millas / 32 km de la pista de Río Gallegos entrando por el mar, instante en que solicito un pasaje rasante y posterior aterrizaje. Escondidos debajo de la barda y pegados a las olas nos hacemos invisibles a la infinidad de ojos que nos buscan desesperadamente. La Escuadrilla se escalona hacia el mar estirando la distancia entre aviones. Con la ría de Gallegos a la vista y por debajo de la meseta patagónica, doy full potencia y en simultáneo coloco viraje decidido hacia la pista. La puntera izquierda de los 3 Mirage van paralelas al agua, mientras cerramos aplicando algunas gravedades sin dejar caer la nariz. A medida que el traje anti “g” se va inflando, siento una fuerte presión en el abdomen, la adrenalina comienza a circular en forma creciente, un escalofrío recorre todo el cuerpo dándole potencia máxima a mi espíritu cazador.
Nos desviamos levemente a la derecha de la pista, con la proa en dirección a los bunkers. Los 300 metros por segundo hacen al Mirage más brioso que nunca, mientras vamos bajando hasta lo que se puede. Diviso a las estructuras de cemento perfectamente, y a medida que me acerco, en milésimas de segundo, diviso una multitud de Mecánicos abriendo y cerrando los brazos sobre los techos, agitando varias banderas argentinas. A falta de unos 1000 metros giró imperceptiblemente a la izquierda, bajando un poco más, el tubo pitot apunta a la plataforma y calle de rodaje, me encuentro por debajo de la parte superior de los bunkers. Próximo al pasaje conecto la post combustión sintiendo el empujón de potencia en la espalda. El pasaje se torna furioso, y luego llega el estruendo ensordecedor sobre una multitud de mamelucos azules.
La algarabía invade a nuestros queridos y forjados Mecánicos, los que saltan, gritan y se une en un solo abrazo, enloquecidos de alegría frente a este tributo que va dirigido solo a ellos. Presenciaron un espectáculo que desean, esperan, y además, se merecen. Es una caricia sobre ese lomo curtido y un espíritu altamente aguerrido que los distingue. Se trata de solo una pequeña retribución a todo lo que nos dieron, dan y darán, mientras en el cielo vuele un avión de combate argentino.
Rápidamente giro en ascenso con 5 “G” por derecha, pauso y me enrosco en un par de toneles bien en el eje de vuelo, para luego cortar la PC. Con el avión paralelo a la pista y 1500 pies, sacó frenos de vuelo y llevó el acelerador a ralentí incorporándome a una inicial. Lateral la cabecera, meto frenos de vuelo, 7500 vueltas y bajo el tren. Los Numerales se encolumnan en inicial. Próximo a final, voy incrementando potencia y corrigiendo la pendiente de descenso ¡el culpable de esta corrección! Un viento de frente con gran intensidad que tira la pendiente de planeo hacia atrás. Al tocar las ruedas sobre el frío cemento, comienzo a levantar la nariz iniciando un frenado aerodinámico, un ángulo 12 grados separan al tubo pitot de la pista, donde la intensión es no sacar el paracaídas de frenado, como parte de nuestro variado adiestramiento. Los 25 nudos de frente y un aire denso, fruto de la baja temperatura, facilitan la disminución de velocidad sin prácticamente usar los frenos.
Rodando rápido, ingresamos un Mirage a cada búnker asistidos por los Mecánicos de Primera Línea. Al cortar el motor, aparece una legión de especialistas encargados de recuperar los aviones para la próxima salida.
¡Nunca lo olvidarán!
Los novatos Mirageros, nunca olvidarán esta, la primera navegación táctica por rincones emblemáticos de nuestra amada Patagonia. Un vuelo que no solo nos hizo sentir a todos un poco más argentinos, sino también, querer más a nuestra hermosa y extensa Patria, ¡reafirmando la convicción sagrada de defenderla, si es necesario, hasta perder la vida! Motivo muy loable para brindar con las copas bien llenas, junto un cordero patagónico, causa más que suficiente para que en ese momento sublime juntemos mucho aire, emitiendo un alarido súper potente y austral, que llegue hasta las injustamente usurpadas Islas Malvinas, de: ¡“NO HAY QUIEN PUEDA”, carajo!










































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