¡Los Mirage se atreven a navegar hasta “el fin del mundo”! Parte 1
- Luis Alberto Briatore

- 18 ene 2020
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 1 feb 2020
Parte 1
Llegamos a la Patagonia
En la navegación de Tandil a Rio Gallegos hubo que pelearla un poco, con 4 Mirages M-5 Mara y 2 Biplazas llegamos a tierras australes, lo hicimos en 2 escuadrillas de 3 aviones cada una. El tramo de Tandil a la X Brigada Aérea fue de casi 2 horas de vuelo, ascendimos a una altitud de 37000 (11.277 metros), la velocidad fue bastante alta, Mach .93 (1-148 km/h), lástima que tuvimos un viento promedio frontal, de unos 55 Nudos (103 km/h), el que nos alargo un poco la navegación. Los más sufridos fueron los numerales, formaron todo el vuelo en mufa (en nubes espesas), bien agarrados en ciega a puro serrucho (movimiento del acelerador para mantenerse formado) y mirando todo el tiempo al guía, mientras que el Nº1 volaba mucho más relajado, usando a full las ayudas al pilotaje en versión manos libres, abocado a controlar la ruta y a comunicarse por radio con los distintos controles.
Al encontrarnos próximos a nuestro destino final, los techos estaban bastante bajos, motivo por el cual, entramos por instrumentos los 3 aviones juntos, formados bien cerca, ¡no sobraba combustible y teníamos que aterrizar de primera! Al estar la pista seca y viento bien orientado, una vez que terminó la capa, la torre visualizo los faros de 3 aviones que aparecían saliendo de las tinieblas, y con pista a la vista, pudimos aterrizar formados de a 3 aviones, manteniendo la formación sin mayores problemas.
En esta oportunidad, la suerte estuvo de nuestro lado, gracias a esas ayuditas que nos tira la Virgen de Loreto bastante a menudo. Minutos después que tocara el último avión, comenzó a nevar de manera bastante tupida, lindo espectáculo para verlo solamente desde tierra firme ya que la visibilidad empeoró y no hubiésemos podido aterrizar.
Mediante un rodaje bien rápido, de inmediato metimos los aviones en los bunkers del complejo 25 de Mayo, donde nos esperaban “Los Magos del mameluco azul”. Con el corte de motor comenzaron a meterle mano buscando solucionar las novedades y dejarlos en condiciones para el día siguiente.
El primer día fue bastante duro para los Mecánicos, el frío era tremendo. Estos forjados hombre, además de efectuar el hangarage con unos cuantos grados bajo cero, se quedaron toda la noche trabando muy duro, sufriendo el cansancio de un día demasiado largo, agravado por las condiciones climáticas.
Al día siguiente nos comentaron que había nevado durante parte de la noche. Por suerte amaneció despejado, muy frío, con viento y todo cubierto de un manto blanco, condiciones más que aceptables para volar.
El mejor grupo humano, un orgullo conducirlos
Como Jefe del Escuadrón Instrucción, estaba a cargo de un grupo de pilotos no muy numeroso. Se trataba de una linda familia: Jefe de Escuadrón con el grado de Mayor, 2 Capitanes como Instructores, ¡los que eran unas panteras!, ambos con mucha experiencia, juntábamos entre los 3 un poco más de 3000 hs en Mirage, ¡que no es poco!, y nuestros hijos putativos, 6 jóvenes oficiales, 1 Alférez y 5 Tenientes con pocas horas en Mirage, muy buenas personas, estudiosos y excelentes pilotos, la familia perfecta. Los más viejos teníamos a cargo la gran responsabilidad de formar en el periodo de 1 año, a los futuros pilotos operativos, de los Sistemas de Armas Mirage M-IIIEA y M-5 Finger, un apasionante e importante desafío.
Mejor material aéreo asignado para semejante tarea no podíamos tener, 6 Mirage M-5 Mara monoplazas, fáciles de identificar, gracias a un mimetizado en degrade de marrones, los únicos que no estaban pintados de gris y 5 Biplazas, con la particularidad, que apenas asumí como Jefe de Escuadrón, propuse al Grupo Técnico cambiarle los taquímetros a los M-IIIDA y pasarlos a RPM, como eran todos los M-5, quedando los 5 Biplazas + 6 M-5 Mara, estandarizados con el mismo indicador en RPM (Motor a pleno 8400 RPM), detalle importante para dar instrucción con alumnos, los 11 aviones tenían los mismos valores de potencia.
¡Nada mal la tropilla de aviones que disponíamos para enseñar el arte de dominar un Mirage!
Para el mantenimiento teníamos a los mejores
A Rio Gallegos llevamos como persona de soporte técnico de estas nobles máquinas, unos 75 gladiadores del Grupo Técnico, conformado por un abanico de especialidades. Arribaron en 2 Hércules C-130 o Chanchas, como las llamamos cariñosamente, luego de unas 4 horas de vuelo. Ambos aviones vinieron colmados de repuestos y distintos pertrechos para cumplir con el lanzamiento de tiro aire tierra con armamento de guerra.
Primer de actividad
El primer día de vuelo es pura y exclusivamente, de adaptación al lugar. Los Mecánicos conociendo y acomodando sus petates en sus nuevos espacios de trabajo, y los pilotos a volar en una zona con características orográficas y climatológicas totalmente distintas a lo habitual.
La Patagonia es un territorio donde todos queremos volar, principalmente por lo distinta, atractiva, y principalmente, porque aquí respiramos todo el tiempo soberanía, nuestra alma guerrera se viste con mucha más intensidad de celeste y blanco.
Rasgos distintivos
Las bajas temperaturas marcan la diferencia, donde las performance del avión mejoran apreciablemente ante un aire altamente denso, al punto, que es habitual despegar sin postcombustión ¡y nos sobra pista!, o cuando volamos combate, la energía ante maniobras con mucha “G”, se va perdiendo de manera mucho más lenta de lo habitual, pareciera que el avión dispone de mucha más potencia. Otra característica predominante, es el intenso y permanente viento del cuadrante Oeste, el que nos permite cansarnos de hacer aterrizajes sin paracaídas.
Volar sobre este tipo de terreno es maravilloso, donde se mezcla una meseta llana que va ascendiendo escalonadamente hacia la cordillera, con suaves ondulaciones, tapizado de vegetación rastrera, con matas de pasto y arbustos que le dan ese característico color marrón claro. Los únicos animales observados desde el avión, son las ovejas y guanacos, los que corren ante nuestro ruidoso paso. El limite este, es la costa atlántica cortadas como por un cuchillo, totalmente acantiladas, lugar donde termina abruptamente esta extensa meseta. Al sobrevolar la cordillera observamos montañas impresionantes, con picos nevados, muchas con enormes e imponentes glaciares, lagos de una belleza inimaginable. El clima resulta bastante complicado, donde las condiciones cambian repentinamente. Permanentes vientos de alta intensidad y muchas veces, arrachados, muy baja temperatura, frentes fríos que se suceden uno tras otro en un mismo día, nevadas, turbulencia orográfica que puede llegar ser hasta severa, lluvias gélidas y formación de hielo tanto en pista como en calles de rodaje. Todo este combo hace atrapante a esta región, principalmente por lo distinto, agreste y lo extremo en un mismo acto de la naturaleza.
Si bien en el segundo día comenzaríamos a lanzar bombas, el primero lo emplearíamos de lleno para que todos los noveles pilotos conozcan el verdadero Fin del Mundo, mediante una extensa y atrapante navegación táctica, buscando una adaptación a un lugar que no les es para nada familiar.
La recepción
En Rio Gallegos están acostumbrados a recibir visitas, todos los Escuadrones de Combate pasan por aquí 1 o 2 veces al año, sumado los C-130 que saltan en forma permanente para abastecer Base Vicecomodoro Marambio, en la Antártida Argentina. Como ocurre habitualmente, el personal de nuestra Base más austral, nos agasajan con amabilidad a todos los que venimos del Norte. Aquí todo cuesta mucho más esfuerzo lograrlo, principalmente por las condiciones extremas del lugar. El viento es permanente y agobiante por momentos, para que tengan una idea de la intensidad y constancia del mismo, los árboles están totalmente inclinados hacia el norte, en muchas oportunidades hay que inclinarse hacia adelante, para cambiar el centro de gravedad de nuestro cuerpo y no caer de espaldas.
Esta pintoresca y a la vez, interesante región del planeta, está hecha solo para verdaderos luchadores.
Nos adaptamos a un escenario distinto de trabajo
El primer día de vuelo es para habituarse al nuevo escenario, sobre todo, los pilotos más jóvenes que nunca operaron con un Mirage por estas tierras patagónicas. Paralelamente, los armeros ponen a punto todo el circo relacionado al tiro, colocándole las colas a las bombas, seleccionando las espoletas que van a ser utilizadas, trabajando con cables y clips de seguridad que permiten un manejo seguro del armamento mientras los aviones están armados en tierra, y la muchachada de mantenimiento, como es su tarea habitual, busca levantar todas las novedades para que los 6 aviones estén listos para el tiro, a partir del segundo día de vuelo. La operación se efectúa en un lugar físico distinto al habitual, bunkers donde los espacios y confort son totalmente distintos al de la VI Brigada Aérea, nuestro hogar natural.
Las bajas temperatura obligan a mantener el permanente suministro de mate bien calentito, y el atuendo sufre un cambio abrupto, buscando mantener el calor corporal: una bufanda con los colores del Escuadrón enroscada como una anaconda en el cuello, campera polar con capucha bien peluda, gorro de lana tejido por la patrona, guantes térmicos y un buen calzoncillo largo, elementos básicos para mitigar el constante frío, agravado por el viento que viene del lado de la cordillera, el que no deja de soplar.
En 7 días seguimos con la Parte 2


















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