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¡Los Mirage se atreven a navegar hasta “el fin del mundo”! Parte 2

  • Foto del escritor: Luis Alberto Briatore
    Luis Alberto Briatore
  • 25 ene 2020
  • 8 Min. de lectura

Actualizado: 1 feb 2020


Una operación totalmente única y distinta


Luego de desayunar, el Escuadrón completo parte rumbo al Grupo Aéreo, lugar donde reposan y planifican la actividad aérea los Guerreros del Hielo. Una vez finalizada la presentación, escuchamos muy atentamente una nutritiva charla sobre inteligencia, la que nos pone al tanto de algunas particularidades de la operación en nuestro nuevo hogar austral. Acto seguido, asistimos a un briefing con los Operadores de Radar, coordinando tanto las actividades del día y detalles relacionados a la forma de trabajar con los aviones que quedaban en apresto, listos para un despegue en alerta ante. Por último, el Departamento Operaciones nos anotician de las frecuencias en uso y nos entregan tablas de autenticación con carácter de secreto, solo vigentes en el día de la fecha. Charlas que nos introducen violentamente en una situación distinta y esperada, percibiendo que operar aquí es totalmente diferente por muchas de razones, algunas de ellas las podrán apreciar a medida que naveguen junto a nosotros en el relato.

En esta, la Base operativa la más austral de la Fuerza Aérea Argentina, comenzamos a respirar un aire reconfortante y distinto, la causa principal, un cambio molecular en la fórmula tradicional del aire que todos conocen. Es algo que sucede solo con exclusividad en “La Patagonia Argentina”, y que casi nadie conoce. Formula del aire en nuestra Patagonia = oxígeno + nitrógeno + anhídrido carbónico + vapor de agua, se le agrega un componente extremadamente potente con efectos sorprendentes sobre nuestra sangre guerrera. Esta sustancia mágica tiene la propiedad de transformarse en un fuerte sentimiento, el que nos insta a estar unidos y a defender nuestra bandera celeste y blanca. Es lo que llaman los Viejos Cazadores muy sabiamente ¡sentir en el alma nuestra “SOBERANIA”! Les juro que es algo palpable, una potente fuerza interior que nos moviliza y fortalece cuando salimos a volar, más aun, cuando viene a la cabeza la entrega por “La Patria” de nuestros enromes Héroes, los que dejaron sus vidas por todos nosotros, en las ahora cercanas y argentinas “Islas Malvinas”. Sentimiento que se repite, una e infinidad de veces en cada oportunidad que pisamos y operamos por estos fabulosos lares.


Preparación de la navegación hacia el  fin del mundo



Antes de salir a volar en la Patagonia, es condición que nos ilustren muy bien sobre los permanentes cambios del tiempo. El meteorólogo es una pieza clave, nos encontramos en un lugar donde todo es atípico para pilotos provenientes de la pampa húmeda. Este profesional del pronóstico del tiempo perteneciente a la Fuerza Aérea Argentina, nos brinda de manera magistral una proyección durante el periodo que vamos a volar, agregando las condiciones en las pistas de alternativa, ¡y nunca le pifia!

En este día, la fortuna estaba de nuestro lado, con respecto a las condiciones de navegación rumbo a la tierras del fin del mundo. El cielo se presentaba totalmente despejado luego del pasaje de un frente frío. El viento era de 30 nudos (55 km/h), de los 250º, justo al límite permitido para vuelo con asiento eyectable. Con más intensidad de viento, al tocar el piso con un paracaídas, probablemente hagamos patito sin poder parar, con muchas posibilidades de quedar ahorcados o golpearnos seriamente contra algún alambrado, causa más que suficiente para que sea una limitación. Otros datos a tener en cuenta y que nos afecta, la temperatura era de (-) 5ºC, además, el nivel de estela de condensación estaba en 27000 pies. Toda la Isla de Tierra del Fuego presentaba condiciones idénticas a la de Rio Gallegos, debido al pasaje previo del mismo frente frío que nos había afectado durante la noche, condiciones más que ideales para navegar por la Isla y las enigmáticas tierras, anque aguas, pertenecientes al “fin del mundo”.

El pronosticador termina y entra el Oficial de Operaciones del Escuadrón. En una charla amena y muy sustanciosa para los cursantes, vuelca toda su experiencia patagónica volando un Mirage. Recordando con maestría y claridad las particularidades relacionadas al vuelo en este lugar, poniendo especial atención en las condiciones de rodaje y despegue, haciendo un repaso de las emergencias más complicadas y habituales en zona fría.

Había nevado gran parte de la noche, solo el eje de pista disponía una franca despejada sin nieve y habilitada para operar, gracias a la aplicación de anticongelante. Fluido colocado desde muy temprano ante la llegada de los primeros vuelos de línea.

Una vez liberados, cada Escuadrilla ultima detalles de la navegación que recorrerá una parte importante de una Patagonia hermosa, indomable, y sobre todo, “bien argentina”. El vuelo táctico recorre gran parte de la Isla de Tierra del fuego, navegando el Canal de Beagle, Isla de los Estados y ataque simulado a la pista y hangares de la Base Aeronaval de Rio Grande. La modalidad elegida, bombardeo en altura. Como último acto antes de abandonar esas calentitas instalaciones, nos acercamos a la Sala de Equipos a colocamos el atuendo y accesorios usados en vuelo, al que se le agrega un traje anti exposición y equipo de supervivencia para zona fría, además de los componentes tradicionales.

Rumbo a los bunkers



Dándole un poco de tiempo a la muchachada de mantenimiento en la recuperación de aviones, el despegue fue planificado a media mañana. El reloj marcaba las 10:30 hs cuando partieron los pilotos de la primera Escuadrilla, se encontrarían en breve con 2 Mirage M-5 Mara y 1 Biplaza M-IIIDA.

Muñidos del equipo de vuelo correspondiente para zona fría y emponchados de pies a cabeza, una Sprinter bien calefaccionada nos traslado rumbo a los bunkers. A medida que nos acercábamos a los refugios subterráneos, reinaba un silencio muy especial, íbamos absorbiendo un cambio radical de paisaje y de situación, una inmersión progresiva al nuevo escenario, el que nos enfrentaba a nuevos desafíos a bordo de una nave noble, y a la vez infernal.

Los aviones no estaban a la vista, primer detalle que rompía con lo habitual, solo veíamos esas semicircunferencias de hormigón armado con una esplendorosa bandera celeste y blanca, que de lejos parecía de cemento, bien rectangular y sin una sola arruga, gracias al viento que no dejaba de soplar. Postal que a todos movilizaba, el pensamiento viajaba al pasado por un instante, situándose en la Guerra por nuestras Islas Malvinas, donde muchos héroes habían hecho este mismo camino una y otra vez, despegando con rumbo Este, ¡buscado hostigar y destruir a un enemigo infinitamente superior en poderío, pero no en espíritu!

Llegamos y nos dieron una bienvenida muy cálida en un lugar muy frío



Al llegar, nos recibieron unos Mecánicos bien abrigados que pertenecían a la Primera Línea, frotándose las manos, con las cejas escarchadas y bocas, que como caños de escapes, emanaban estelas de condensación bien densas, preludio del frio encuentro con la realidad, en contraste con el confortable y cálido vehículo.

Luego de saludar e interiorizarnos de cómo se encontraba el personal, chequeamos la carpeta de cada avión y de allí nos dirigimos a las máquinas. Por caminos separamos partimos hacia los distintos refugios, allí comenzamos la inspección exterior junto a nuestros forjados y entumecidos Mecánicos. El viento y las bajas temperaturas comenzaban a hacer mella en nuestros cuerpos, dándonos un indicio de lo sufrido que era trabajar en tareas de mantenimiento con estas condiciones, y ni que hablar de una eyección, como muchos pilotos lo hicieron y sobrevivieron en el año 1982.

Con una temperatura de (-) 5°C y 30 Nudos de viento, la sensación térmica era de (-) 17°C, valor térmico que dificultaba tremendamente el uso de las manos, principalmente para los de mameluco azul, a lo largo de la inspección exterior, extremidades afectadas principalmente, al cerrar tapas, mojarse con fluidos y algunas otras ingratas tareas llevadas a cabo frente a estos bajísimos valores térmicos, ¡donde los dedos llegan a doler, y mucho!


Comenzaban a rugir los motores



Una vez en los aviones, mantener la cúpula abierta para atarnos y recibir asistencia de nuestro compañero de mameluco azul, era un suplicio. El alivio llegaba cerrando y trabando esa caparazón trasparente, deseando no abrirla nunca más, ¡prueba de que al frío, no hay con que darle!

Una vez comunicados entre aviones, los “Laser” con 3, y previo a conectar por unos segundos el reencendido de motor calentado bujías, los motores Atar 9C5A comenzaron a rugir, poniéndole música operativa a una mañana soleada, helada y ventosa.

Luego de los chequeos de rigor, con parking colocado, avanzamos el acelerador a 7000 vueltas, manera habitual de comprobar la estanqueidad de los inmensos tanques eyectables de 1700 litros cada uno, los que se encontraban pipones, y completaban los 6370 litros de JP1 (kerosene desparafinado), alimento a la propulsión de un noble motor, el que empujaría a los esbeltos Mirage a lo largo de un camino bien argentino.

Comenzamos a rodar lentamente, los Mecánicos nos despiden de diferentes maneras que nos identifican, y devuelvo el saludo a lo piloto, con el pulgar bien arriba. El terreno se presentaba totalmente blanco, la calle de rodaje con algunos charcos de hielo. Cortamos el antiskid (ministop se lo llama en nuestro avión), buscando obtener una mejor respuesta de los frenos ante la presencia de hielo en superficie, evitando un típico zapateo de los pedales y un frenado sin efectividad, buscando evitar patinadas incontrolables y mantener la dirección en condiciones extremadamente resbaladizas.

Mientras nos encontramos rodando, vemos como un Aerolíneas Argentinas aterriza en el primer tercio de pista, al colocar inversores, una gran nube de nieve en polvo se levanta a su paso, dándonos un anticipo de cómo se encontraba esa larga alfombra de asfalto.

Había que rodar muy lento, evitando un mal trago en la calle de rodaje ante un avión muy pesado. Los 3 Mirage se mueven cansinamente hacia la cabecera 25, con una separación de unos 50 metros entre avión, instante en que solicito autorización a la Torre de Control para ocupar posición en pista.

Si bien la pista tiene unos generosos 3549 metros de largo por 45 metros de ancho, solo el eje de pista estaba despejado de nieve y hielo, gracias un temprano despeje con anticongelante, condiciones que exigían un delicado control de dirección en la carrera de despegue, el motivo: avión muy pesado que al pisar hielo se tornaría ingobernable, saliendo de pista, con un pronóstico totalmente trágico.

Un despegue no habitual



Si bien nos ubicamos los 3 aviones en cabecera, ocupamos de a uno por vez el centro de pista en preparación para el despegue, por lo angosto de la franja libre de nieve y hielo, disponible gracias a la aplicación de anticongelante.

Los 3 aviones formamos un triángulo en cabecera 25, donde el Mirage M-IIIDA biplaza es la punta de esa figura. Una vez que estamos en posición para iniciar la carrera hacia el cielo patagónico, solicito a la Torre de Control autorización para despegar. Poco antes de llegar a las máxima vueltas, 8400 RPM, el Delta no se sostiene sobre frenos, un piso entre mojado y congelado dificulta la tenida. Captando el síntoma, levanto rápidamente la punta de los pies de los pedales, evitando derrapar y desviarme del eje de pista. Con 785ºC en temperatura de motor, coloco Postcombustión, siento el incremento de empuje como nunca por un aire helado donde el avión se agarra como a él más le gusta. El Delta corre derechito, logrando en pocos segundos alcanzar los 90 nudos (167 km/h), donde comienzo a tener comandos para evitar el uso de frenos ante cualquier corrección en dirección. La aceleración es impresionante, a los 182 nudos (337 km/h) saco el avión del piso.

Al rotar el avión y cambiar el ángulo de ataque, se produce un fenómeno llamativo a la vista de cualquier espectador que se encuentre en los alrededores de la pista, el chorro, que es un verdadero soplete que escupe aire con fuego a casi 800 ºC, incendia el anticongelante colocado en pista que es inflamable, provocando una nube de humo entre blanca y gris muy espesa, la que cubre como una pared el ancho de pista, impidiendo la visibilidad hacia delante del avión que está por despegar. En el mismo momento que este fenómeno se produce, el segundo avión rompe inercia y comienza la carrera de despegue. Momentos antes de rotar, se introduce en esta nube de humo blanco, desapareciendo totalmente por un instante y surgiendo segundos después desde las tinieblas, con la tranquilidad que se encuentra en el aire con la nariz mirando al cielo y retrayendo el tren, sucediendo posteriormente, lo mismo con el tercer avión.

 
 
 

2 comentarios


Luis Alberto Briatore
Luis Alberto Briatore
26 ene 2020

👍

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Mario ARÁGOR IKER
Mario ARÁGOR IKER
26 ene 2020

Atrapante !!

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