NIDO DE CÓNDORES
- Luis Alberto Briatore

- 10 oct 2020
- 16 Min. de lectura
La Fuerza Aérea Argentina se consolidó como un arma independiente, hecho de trascendencia institucional que sucedió el 4 de enero de 1945, dejando se ser un apéndice del Ejército Argentino y pasando a ser la más joven de las Fuerza Armadas.
Pero este no fue el inicio de la aviación militar. Una historia rodeada de laureles comienza con la creación de la Escuela de Aviación Militar, el 10 de agosto de 1912, mediante un decreto del Presidente de la Nación Roque Sáenz Peña. Dependiendo del Ejército, dio comienzo el camino que avanzó sin pausa hacia una pujante y creciente actividad aérea. La fundación tuvo lugar en los terrenos del El Palomar, Provincia de Buenos Aires.
Los pioneros que supieron marcarnos un Norte celeste y blanco, provenían de una pujante sociedad civil, la que imponía una innovadora meta, conquistar el cielo nacional a fuerza de verdaderas hazañas.
El cruce del Río de la Plata a bordo del globo aerostático “Pampero” comandado por Aarón de Anchorena y Jorge Newbery el 25 de diciembre de 1907, despertó un enorme entusiasmo aeronáutico en nuestro país, abonando un campo fértil para la creación del Aeroclub Argentino en 1913. Desde esta emblemática entidad, el Soldado Conscripto Pablo Teodoro Fels, despegó en la madrugada del 1 de diciembre de 1912 con rumbo a Montevideo. Cruzó en soledad el Río de la Plata al mando de un Bleriot XI, el que luego de 2 horas en el aire establecía el “récord mundial de vuelo sobre el agua”, asombrado al mundo entero con el logro de semejante proeza.
Pasada la Primera Guerra Mundial, se hizo realidad la trascendencia que tendría el poder aéreo, transformándose en un pilar fundamental para la defensa de la Patria. Por tal motivo, fue creado en 1927 la Dirección General de Aeronáutica. Organismo destinado a coordinar la aviación militar a lo largo y ancho del territorio nacional. Al poco tiempo se crea en la Ciudad de Córdoba, la Fábrica Militar de Aviones, piedra fundamental de un polo industrial que sería trascendente para la futura industria aeronáutica nacional.
Con la finalidad de dirigir los temas aeronáuticos del país, incluido el fomento de actividad aérea civil, el 11 de febrero de 1944 se crea el Comando en Jefe de Aeronáutica, y un año después, el 4 de enero de 1947 la Secretaria de Aeronáutica. Este es el punto de partida del arma aérea como tal, pasando a llamarse de diferentes maneras, adoptando la denominación definitiva a principios de la década del 60, como Fuerza Aérea Argentina.
Creación de una nueva especialidad
Ingresando al tema que nos interesa, la Aviación de Caza, debemos mencionar como mentor de esta especialidad al Capitán Alfredo Pérez Aquino, quien como Jefe de la Base Aérea Militar “El Palomar”, con una visión de avanzada dentro de la aviación militar argentina, formó y bautizo con diferentes nombres a distintas Escuadrillas, incorporándolas a una orgánica definitiva, hecho inédito en tiempos de precursores.
El 22 de junio de 1931 sucede un acontecimiento histórico, se crea el Grupo I de Caza, fecha en que los cazadores celebramos nuestro día. Años más tarde la Resolución Nº 461/90 del Jefe de la Fuerza Aérea de ese entonces, instituye oficialmente el “Día de la Aviación de Caza”.
Existieron diferentes hitos en tiempos pasados, los que marcaron el designio de esta trascendente especialidad. El primero de ellos sucede con la culminación de la Segunda Guerra Mundial. Inmersos en un proceso de modernización, fuimos los precursores como Fuerza Aérea de América Latina en incorporar a la defensa del cielo argentino, aeronaves propulsadas a reacción. Este importante hecho, acurre en 1947 con la recepción 100 aviones de caza Gloster Meteor MK.IV de origen británico, junto con aviones bombarderos Avro Lincoln y Avro Lancaster. Argentina pasaba a disponer del poder aéreo más importante de la región.
Paralelamente a estos acontecimientos de mucho peso, el Gobierno Nacional con una visión estratégica y buscando autonomía en la industria aeronáutica bélica, inicia el desarrollo de un avión de combate propio. Con la determinante participación de ingenieros alemanes, diseñaron el I.Ae. 27 Pulqui I y el I.Ae. 33 Pulqui II. Este trascendente hecho permitió que nuestro país fuese el 5° en el mundo en desarrollar aviones de caza a reacción utilizando tecnología de punta.
Hasta aquí el Piloto de Combate con mucha garra y corazón, volaba a pura pericia pero sin un verdadero orden estandarizado, un material con tecnología de punta, empleando una modalidad de operación personalizada y típica de aquellos tiempos.
En 1959 en El Plumerillo, asiento de la IV Brigada Aérea, se creó el Grupo 1 de Caza-Bombardeo y al año siguiente se incorporaron los aviones cazas North American F-86F Sabre, guerreros y triunfadores en cruentos combates aire-aire contra los MIGs en la Guerra de Corea.
Este fue un punto de inflexión. Aquí es donde se produce el gran cambio que llegó para quedarse.
Bajo la instrucción de pilotos norteamericanos, nació una nueva mentalidad de operación, junto a un nivel de exigencia que cambio la mentalidad del piloto de caza argentino.
La incorporación de listas de procedimientos, estudiadas y cumplidas por igual en todas las tripulaciones, manuales con tablas de performance que permitían explotar al límite la performance del F-86F antes de salir a volar, un listado completo de emergencias que contemplaban todas las posibilidades de falla, las que debían ser memorizadas como una poesía, y otros ítems relacionados al manteamiento de la aeronave, fueron el disparador de un cambio abrupto en la mentalidad cazadora. Hito que dio comienzo a una trasformación silenciosa, culpable en gran parte, de un futuro guerrero lleno de gloria.
Reforzando la verdadera revolución cazadora, en 1967 con el traslado del Grupo 2 de Caza-Bombardeo, proveniente de la VII Brigada Aérea de Morón, llegan a Mendoza los nobles Morane Saulnier MS-760 París, creándose la Escuela de Caza, cuna de precursores y de muchos héroes.
La sabia superioridad determinó con inteligencia que pretendía para sus futuros Pilotos de Combate, sabias intenciones plasmadas en el lema de esta prestigiosa escuela cazadora: “SER MÁS”, y la respuesta más contundente a este acierto no se haría esperar, llegando con contundencia unas décadas más tarde.
La IV Brigada Aérea, transformada en un templo para el Piloto de Combate, fue el principal semillero de las futuras generaciones cazadoras. Función basada en transformar diamantes en bruto a excelentes profesionales, gracias al trabajo de excelentes Instructores.
De allí en más, la Escuela de Caza se encargaría de abastecer a las diferentes Unidades de Combate, entregando pichones de cóndor aguerridos y perfectamente formados, los que en poco tiempo y con la suficiente madurez, asombrarían al mundo entero llevando adelante increíbles y valientes proezas durante la Guerra por nuestras Islas Malvinas.
Estamos hablando de Pilotos de Combate íntegros y formados en valores, que son parte de un largo listado de recientes próceres aeronáuticos, los que deben ser reconocidos como tal, hecho que ha sucedido en el resto del mundo pero lamentable no entre nosotros. Distinción que debe ser compartida con otros muchos valerosos hombres y mujeres de diferentes especialidades y personal de otras Fuerzas Armadas, que entregaron valerosamente su vida en defensa de la Patria, gesto que nos enorgullece y que deben ser conocidos y reconocidos por todos los argentinos sin excepción.
El Grupo Aéreo
Si hay un lugar donde conviven y a la vez operan verdaderos profesionales del aire, es en un Grupo Aéreo, sin importar de que especialidad estemos hablando.
Los hubo y los hay de distintos tipos: Grupo Aéreo Escuela, Grupo 1 de Transporte, Grupo 1 Aerofotográfíco, Grupo 2 de Bombardeo, Grupo 3 y 4 de Ataque, Grupo 4, 5,6,8 y 10 de Caza, Grupo 7 de helicópteros y Grupo Aéreo 9.
Estamos refiriéndonos a la casa de los Pilotos, por lo general a cargo de un Piloto de sobrada experiencia con el Grado de Comodoro.
Aquí es donde se produce la gran trasformación. Lugar donde alcanzamos la categoría de Pilotos operativos. Momento en el que estamos en condiciones de entrar en combate si la Patria lo requiere.
Durante mi carrera pude disfrutar y formar parte de distintos Grupos Aéreos, siendo el Grupo 6 de Caza el de mayor permanencia y en el que alcance una importante experiencia en vuelo, lapso donde tuve la oportunidad de volar el mítico Mirage.
No es mi intensión de pecar por injusto, tanto el Grupo Aéreo Escuela, el Grupo 4 de Caza y el Grupo de 3 Ataque, fueron otros hogares operativos de los que guardo fabulosos recuerdos y donde trascurrió un continuo aprendizaje, el que por fortuna nunca se detuvo.
Haciendo memoria, al llegar a la VI Brigada Aérea, situada en cercanías de la hermosa ciudad de Tandil, formaba parte de un nutrido grupo de Pilotos, éramos casi sesenta, integrábamos dos Escuadrones de Mirage M-5 y dos de Mirage M-IIIEA. Si bien unos eran caza bombardero y otros interceptores, la compatibilidad era total, compartiendo distintas tareas y misiones mediante un trabajo perfectamente coordinado.
La rutina comenzaba desde muy temprano. Presentación al Jefe de Grupo Aéreo, un semidiós con mucha experiencia, gran ascendiente y prestigio en la especialidad. Luego del saludo tradicional, los Escuadrones se distribuían en diferentes lugares para hacer algo no tan divertido. Comenzábamos con un repaso de emergencias, las que repetíamos como una poesía, mechadas con algún tema operativo de interés o un análisis relacionado a un incidente de reciente data. Arrancábamos con todo, buscando que las neuronas adormecidas, rompieran inercia rápidamente, entrando en ritmo ante una jornada que se presentaba muy exigente. Seguía un sustancioso desayuno, en medio de un agradable bullicio en el hermoso bar del Grupo. De allí nos dirigíamos a “Operaciones”, parada obligada destinada a leer el importante plan de vuelo. Frente a una pizarra que contenía los turnos de vuelo, obteníamos información vital para el armado de la agenda diaria.
En cada jornada el tiempo se exprimía al máximo. Los que quedaban en tierra cumplían diferentes tareas productivas en las distintas actividades planificadas para el día.
Quedarnos en la “Escuadrilla” preparando algún tema en particular era lo más normal, o recibir alguna clase del ciclo de conferencias sobre temas de interés previstas para el mes, las que eran preparadas por nosotros mismos.
El “simulador de vuelo” era otro sitio en el que podíamos pasar un par de horas. Practicábamos emergencias de todo tipo. También teníamos la posibilidad de dedicarnos a volar un tema operativo entrenándonos en interceptaciones con lanzamiento de misiles y cañones. Otro tema entretenido, consistía en lanzar distintos tipos de armamento atacando a un objetivo previamente seleccionado. El uso de esta maravilla de la tecnología permitía cumplir un turno de vuelo de elevado nivel de adiestramiento, a un muy bajo costo y sin riesgo alguno.
Aprovechando las bondades de la “Sala de Navegación”, preparar una navegación táctica resultaba muy entretenido. La Escuadrilla reunida, preparaba un ataque a una pista, un puente, una represa u objetivos considerados vitales contra un enemigo imaginario. En un par de horas planificábamos hasta el más mínimo detalle de un ataque a un objetivo defendido por antiaérea de tubos y misiles, previo evitar en el camino a la caza interceptora dispuesta a impedir la llegada al objetivo. Al llegar al blanco, lo destruíamos o neutralizábamos con éxito. Luego de un planificado escape evitando las defensas, regresábamos sanos y salvos a la Unidad.
Un lugar que deslumbra a cualquier visitante
Los Grupos Aéreos se destacan por una agradable estética, acompañado del orden imperante en todos los espacios que podamos llegar a visitar.
Al ingresar, lo primero que nos llama la atención son los coloridos escudos en la fachada, primera carta de presentación del prestigioso Grupo Aéreo, antesala a un lugar único y que sorprende gratamente.
Ni bien abrimos la puerta de entrada, un pasillo colmado de fotos a ambos lados provoca el primer impacto. Estamos frente al testimonio de todos los Escuadrones que pasaron por este templo guerrero. Ubicados cronológicamente podemos pasearnos desde la creación de cada Escuadrón. Los visitantes, normalmente se detienen a disfrutar de esta galería fotográfica absorbiendo historia supersónica y de la buena.
Al caminar por los pasillos, observamos en cada puerta la silueta del avión junto al indicativo de la Escuadrilla. Este es el lugar donde los voladores realizan tareas operativas y administrativas en silencio dentro de una austera oficina.
Cerca de la entrada principal, normalmente se encuentra un lugar clave, la “oficina del Oficial de Operaciones”. Sitio donde se elabora el importante plan de vuelo. Se trata del primer lugar que el Piloto visita al llegar. Allí busca lo que más desea en la vida, saber si vuela en ese día ¡Cuando, que y con quien lo va hacer!
Un gran vidrio o pizarrón escrito con fibra, contiene la información de la actividad aérea diaria.
Es el lugar desde donde el Jefe de Operaciones, un Capitán con mucha experiencia, supervisa el cumplimiento de la actividad aérea, Él es quien vela por la seguridad de las tripulaciones mientras se encuentren en el aire.
La “Sala de Conferencias” es un espacio utilizado de manera intensiva. Permite concentrar a todo el personal del Grupo Aérea. Salón con una gran cantidad de butacas o sillas, equipado con todos los medios audiovisuales necesarios para dar una completa exposición. Una tarima y un atril, permiten al conferencista ocupar un lugar de privilegio. Parado desde un punto elevado, es observado atentamente por todo el auditorio.
Un lugar que atrae y que nos aproxima al vuelo, es la “Sala de Supervivencia”. La totalidad de los equipos de vuelo de las tripulaciones se concentran en este sitio. Casco, chaleco de supervivencia y traje anti “G”, se encuentran colgados prolijamente y con cada indicativo de vuelo en un perchero de metal. En una habitación contigua, el Encargado y personal especializado mantienen los componentes del equipo de supervivencia en óptimas condiciones, como así también, la limpieza de los visores de cascos y desinfección de máscaras de oxígeno.
Las reuniones previas y posteriores al vuelo o briefing y diebrifing, tienen lugar en la concurrida “Sala de Navegación”. En este sitio, las Escuadrillas preparan y trazan las rutas hacia el objetivo asignado en las cartas visuales, las que mediante diferentes colores indican la orografía del terreno. También se completa, una pequeña planilla llamada precomputada, la que antes de salir a volar es introducida en la pernera transparente del traje anti “G”, conteniendo gran cantidad de datos calculados en ese mismo momento: puntos de la navegación con su respectiva coordenada, rumbos, cantidad remanente de combustible, tiempos, controles de armamento etc., información chequeada permanentemente una vez en vuelo.
Sobre las paredes se encuentran varios pizarrones blancos, y a su lado siluetas de aviones prolijamente colgadas, utilizadas para la explicación o reconstrucción de maniobras en vuelo, principalmente en temas de combate aire-aire.
Como apéndice a este espacio de reunión, se encuentra la “Sala de Proyecciones”, habitación provista de una pantalla, en la que se observa y analiza la efectividad de los ataques a objetivos terrestres, también son verificados los parámetros que confirman un derribo en combate simulado.
Por último, llegamos al “Bar del Grupo Aéreo”. Si hay un lugar donde el piloto quiere estar, es este. Normalmente concurre para saborear un rico café en un entorno de historia guerrera. Se trata de un rincón íntimo, un ámbito netamente cazador, donde sucede algo muy extraño, sentimos volar mientras mantenemos los pies sobre la tierra.
Con una larga barra tapizada en fino cuero y cómodas banquetas, nos sentamos mirando hacia un gran espejo. A nuestra espalda, un mobiliario compuesto por un par de juegos completos de sillones bien mullidos con su respetiva mesa ratona, en los que nos desparramamos cuando llegamos exhaustos luego de algún vuelo movido. Lo más vistoso se encuentra en distintas vitrinas y paredes. Lugares colmados de trofeos, banderolas, variados recuerdos y fotos aeronáuticas de todo tipo, la mayoría de diferentes eventos, a los que acompañan alguna dedicatoria y con la fecha respectiva. Dentro de estas 4 paredes sobresale un rincón muy especial. Ocupando todo el alto de la pared, un esquinero enorme de madera contiene una gran cantidad de botellas de 5 litros de champagne con diferentes inscripciones. Testimonios de diferentes Vuelos Solos. Cada botella está pintada con el indicativo de vuelo, matrícula y fecha, ilustrando cuando ocurrió ese importante evento, siendo una de las tantas tradiciones de este Sistema de Armas mantenida en el tiempo desde su llegada al país.
Afuera del bar y lindero a un fértil y verde campo, tenemos un componente fundamental e infaltable para un argentino, una parrilla. Normalmente utilizada para los vuelos nocturnos, oportunidad en que a finalizar la actividad aérea, en medio de bromas y anécdotas, todos juntos como buenos camaradas, cenamos en este hermoso lugar una exquisita carne acompañada de un buen vino, generalmente obsequio de un amigo del Grupo 6 de Caza, con el que compartimos tan especial actividad.
Una vida en armonía
Entre los cazadores existen algunas rivalidades que fueron un clásico dentro de este mundo tan particular y son dignas de mencionar como parte de nuestra historia.
Por los años 60 cuando los Gloster Meteor MK.IV de Morón se enfrentaban contra los de Tandil, utilizaban como ring side los cielos sobre la localidad de Las Flores, punto equidistante entre las dos Bases.
Otra relación de este tipo, era la que mantenían la IV Brigada Aérea de Mendoza y la V Brigada Aérea de Villa Reynolds. Los pilotos de ambos bandos al escuchar en frecuencia de radio a un intruso que cruzaba el Rio Desaguadero, límite entre ambas provincias, abandonaban lo que estaba haciendo en el sector de vuelo, y desde ese momento buscaban interceptarlos y la manera de ubicarse a la cola, simulando un derribo que sería motivo de chanza hacia el Escuadrón perdedor y muestra de soberanía de ese sector tan bien custodiado.
Por último, la que viví con mayor intensidad. Esta tenía lugar entre los interceptores que volaban Mirage M-IIIEA y los caza bombarderos que lo hacían en los M-5F. Competencia que no iba más allá de una sana contienda, adornada con diferentes tipos de bromas y comentarios entre primos mirageros, como se apodan los unos a los otros. Desde el año 1987, cuando se produce la unión de ambos aviones en la VI Brigada Aérea, al convivir en un mismo Grupo Aéreo, las disputas no iban más allá de un encuentro de fútbol, vóley o partida de truco durante algún despliegue.
Estos encuentros clásicos entre los cazadores, con el tiempo fueron mutando trasladándose del cielo a la tierra.
Tradiciones y más tradiciones que adornan al apasionante legado cazador.
Pasando al mundo de las relaciones humanas. Cuando puse por primera vez un pie en el Grupo 6 de Caza, los cuatro Jefes de Escuadrón habían combatido en Malvinas a los comandos de un Mirage, al igual que los Jefes de Escuadrilla y algunos Jefes de Sección. Grupo de profesionales y patriotas con todas las letras, los que fueron artífices de una convivencia perfecta entre los de pañuelo verde y los de bordó y azul, actitud ejemplar para los más jóvenes, los que gustosamente disfrutábamos de una constructiva y sana camaradería.
En este ambiente operativo reinaba la armonía, muchos de los pilotos se conocían desde hacía años. La excelente convivencia llevó a compartir todo tipo de actividades.
En el plano familiar, sucedía exactamente lo mismo, principalmente durante el verano, temporada donde nuestras familias concurrían a la pileta, lugar de reunión donde se armaban mateadas enormes con charlas interesantes y otras muy divertidas, mientras nuestros hijos jugaban en el lugar que más querían estar, la pileta.
Estas y otras actividades en conjunto, hacían más placentera la vida en esta importante Unidad operativa, años llenos de memorables y gratos recuerdos.
Escuadrones Aeromóviles
En la paz la organización del Grupo Aéreo es tal cual acabamos de describir. Del Jefe de Grupo dependen de 2 a 4 Escuadrones. Cuando abandonamos la Unidad y desplegamos, la orgánica cambia completamente y los distintos Escuadrones mutan a otro tipo de organización operativa, que difiere con la tradicional.
En 1982 una vez que el país se lanzó hacia el conflicto bélico, los Escuadrones de combate desplegaron a las BAM – Bases Aérea Militares, transformándose en Escuadrones Aeromóviles. Unidad de Combate Aérea que es utilizada en despliegues, cuando los aviones operan fuera de la Unidad por un tiempo prolongado. Este tipo de esquema orgánico, es mucho más ágil y depende directamente del Jefe de Escuadrón Aeromóvil. Se trata de una organización autónoma dotada de aviones y pilotos, integrados al escalón de mantenimiento respectivo. Esto mismo sucedió en Malvinas con los sistemas de armas A-4 Skyhawk, IA-58 Pucará, BMK-62 Canberra, M-5 Dagger y Mirage IIIEA.
Ejemplo: en abril de 1982, la FAA activó la BAM San Julián, situada en costa Atlántica de la Provincia de Santa Cruz. Allí con un apoyo total de la población santacruceña, operaron el I Escuadrón Aeromóvil A-4C del Grupo IV de Caza y el II Escuadrón Aeromóvil del Grupo 6 de Caza. Lo mismo ocurrió con otros Escuadrones Aeromóviles, desplegados en las Bases de Río Grande (Tierra del Fuego), Río Gallegos (Provincia de Santa Cruz, Comodoro Rivadavia (Provincia de Chubut) y Trelew (Provincia de Chubut). Desde estas Bases partían oleadas de aviones en misiones, las que dañaron una y otra vez a la poderosa flota invasora.
Un derrotero soñado
Como Aviadores Militares pasamos por varias etapas donde el factor común es el sacrificio y una preparación de alto nivel profesional. Rompemos el cascaron en la Escuela de Aviación Militar, una etapa rodeada de incertidumbre y de mucho aprendizaje al mismo tiempo. Este es un momento en el que solo pensamos en llegar a ser Aviadores Militares.
Superando distintos obstáculos, recibimos una formación que va más allá del vuelo, donde la técnica de como despegar y aterrizar se entrecruza con valores que serán la columna vertebral del actuar a lo largo de toda la carrera militar.
En menos de un año, aprendemos mucho más de lo que nos hubiésemos imaginado, combinando sacrificio y asimilación de todo lo enseñado por esos buenos maestros, absorbiendo como una esponja los fundamentos en el arte de volar.
Sin que pase mucho tiempo, luciendo las alas doradas en un inflado pecho como Oficiales en el primer año, comenzamos a desarrollarnos profesionalmente dentro de una especialidad determinada. En lo personal, tuve la fortuna de elegir lo que más deseaba, ingresar a la Escuela de Caza. Allí adquirí los conocimientos básicos y experiencia en vuelo para alcanzar el gran sueño, ser piloto de combate. Al comienzo de este año, sucedió lo que nadie esperaba. Como joven cursante pude vivir las acciones bélicas a la distancia y las consecuencias afectivas muy de cerca.
Familias terriblemente golpeadas, y por otro lado, hazañas de héroes que marcarían una huella a seguir por las futuras generaciones, los que en pocos meses de feroz batalla, volvían con tristeza ante la pérdida de amigos y buenos camaradas.
Maduramos aceleradamente, palpamos desde muy cerca el “para que” nos estábamos formando, y no pudimos tener un mejor ejemplo de entrega por la Patria.
Con un Norte que veíamos con nítida claridad, comenzó la etapa que tanto esperaba, la del guerrero del aire, la del Piloto de Combate.
Todo pasaba muy rápido, los cambios se sucedían uno detrás del otro. El crecimiento dentro de la aviación de combate, fue a fuerza de una actividad de vuelo intensa, acompañada de enseñanzas volcadas por excelentes maestros, esfuerzo que daría sus frutos de inmediato.
Aprender en un entorno rodeado de patriotas, con cuerpos llenos de cicatrices de la Guerra por nuestras Islas Malvinas, fue un plus, un regalo de Dios para un joven en plena etapa de formación. Junto a estos gigantes de la aviación de caza, no solo aprendíamos a volar combate aire-aire y a tirar bombas en defensa de la soberanía, sino que también, nos dejaron la enseñanza de como conducir una vida fundamentada en valores. En poco tiempo adopté una mentalidad que contenía los importantes lineamientos que debían guiar mi vida.
Con mucha más experiencia pude aplicar todos esos buenos ejemplos y sabios consejos. Recordando las enseñanzas, con el tiempo suficiente de maduración, trate que el joven e inexperto aprendiz fuese mejor que el maestro.
Todo este proceso virtuoso que llevó muchos años en un Grupo Aéreo, se gestó en este “Nido de Cóndores”, lugar que solo nos animamos a dejar con las alas bien abiertas, elevándonos y buscando desde un cielo celeste y blanco prepararnos para defender a la Patria desde las alturas.
Aquí logramos liberarnos de las esclavitudes que nos sujetan a la tierra. Es donde pudimos liberarnos de lo mundano para purificar el espíritu en el cielo. En este lugar nos enseñaron con orgullo y también con humildad que el ritual de volar se exalta y se glorifica.
Los recuerdos del mejor lugar en el que pude crecer como profesional del aire, de donde vengo, mi segunda casa, están más allá de las palabras. Hoy con una pluma en mi mano y lejos de los añorados aviones de combate, con el recuerdo fresco, siento unas ganas tremendas de gritar con toda la fuerza de un alma guerrera: “NO HAY QUIEN PUEDA”






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