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“Recuerdos Aeronáuticos” ¡Un tesoro que vale la pena custodiar!

  • Foto del escritor: Luis Alberto Briatore
    Luis Alberto Briatore
  • 31 oct 2019
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 2 nov 2019

Nuestra carrera se caracteriza por los cambios que suceden de manera permanente, a estos movimientos los podemos dividir en dos grupos: ¡los deseados y los no tanto!, pero si uno aplica ese famoso dicho: “No hay mal que por bien no venga” o “Hay que mirar el medio vaso lleno”, eso que parece negativo, con una visión optimista puede terminar en algo muy bueno y muchas veces inolvidable e irrepetible, conclusión a la que llegamos mucho después de un cambio al que nos oponíamos. Este tipo de enfoque lo podemos aplicar a muchos otros aspectos de nuestra vida.



Desde que egresamos cambiamos de destino, de avión, de Escuadrón, de jerarquía, de cargo y de muchas otras cosas más! Cuando sucede un cambio, al culminar un ciclo, con seguridad que recibimos algún regalito o llamado formalmente presente aeronáutico: cuadrito, placa, maqueta, diploma, etc. A lo largo de los años vamos acumulando recuerdos aeronáuticos de logros y vivencias aeronáuticas en grandes cantidades, pensando ilusamente que las paredes de nuestro hogar será el destino final de ese tesoro personal y hasta allí intocable. Podemos afirmar que hay grados de fanatismo en lo que respecta a recuerdos, en algunos casos hasta acumulan partes de aviones que volaron y fueron dados de baja, adaptándolos para siempre a su vida cotidiana pensando que contribuyen con la decoración de nuestra vivienda, visión no compartida por el sexo opuesto. ¡Quien escribe forma parte de ese club! Parece un poco loco, pero lean muy atentamente las piezas de mi exclusiva colección que supe defender:

· Dos carpetas muy grandes con documentos, fotos, recortes de diarios, diplomas, y diversidad de papiros, sobre hechos guardados por orden cronológico sobre el derrotero aeronáutico, que va desde el ingreso en el año 1978 a la Institución hasta el retiro en el año 2012.

· Asiento eyectable que tuve el gusto de usar el 11 de junio de 1998, el que fue transformado en sillón de oficina, al agregársele apoya brazos y ruedas dándole movilidad, trofeo que uso a diario cuando estoy sentado frente a la compu.

· Escritorio tallado por un ebanista (mientras estuve destinado en Bolivia), con un Mirage y el indicativo de vuelo, “Laser”, en juego con un sillón de madera y cuero que repite la silueta de un Mirage e indicativo de vuelo.

· Casco empleado durante la eyección, pintado con laca, la que preserva por los siglos de los siglos la tierra que quedó adherida al mismo luego del brusco impacto contra el terreno en tierras tandilenses.

· Lámpara de oficina con el pie de roble en forma de Mirage.

· Instrumentos dados de baja de Mirage trasformados en elementos de oficina (Velocímetro, indicador de “G”, indicador de Mach de Conos, bastón de comandos, etc.).

· Cuadro hecho por un piro grabador en cuero, donde se encuentra artísticamente grabado, Brevet de Aviador Militar, indicativo, grado, nombre y apellido de todos los integrantes de las Escuadrillas que forme parte de Alférez a Capitán, horas voladas en cada tipo de avión, escudos y retazos de pañuelos originales de cada Escuadrón que formé parte.

· Cuadro con todos los pañuelos correspondientes a los aviones que tuve la fortuna de volar.

· Sable que fue entregado durante el egreso como Oficial de la FAA.

· Fotos desde muy grandes hasta de tamaños normales, de los aviones volados y los integrantes de los Escuadrones que forme parte.

· Etc.




Todos estos elementos que hacen en conjunto un pequeño y sagrado tesoro personal/profesional, aunque parezca increíble, tienen un enemigo que los va haciendo desaparecer en forma silenciosa, sistemática y continua a lo largo de los años, no se trata de un insecto o alguna clase de plaga dañina, es una persona con apariencia adorable, pero que para justamente este caso ¡no lo es tanto!, estoy en condiciones de confirmar con mucho dolor que es alguien que elegimos como compañera para toda la vida: “ nuestra querida y amada Esposa”. Ella, cuando uno recién la conoce adora los aviones, pero con el tiempo esta visión cambia abruptamente de positiva a negativa. Pero no se la agarren con ella, es totalmente inocente, y ¡paso a explicar el fundamento que justifica este trauma psicológico que la absuelve de toda culpa y cargo! La esposa Aeronáutica, normalmente comienza la vida marital con el nidito de amor ubicado en cercanía o dentro de una Unidad Aérea, su entorno de convivencia está relacionado a los aviones, concurre a un cumpleaños y los maridos hablan de aviones todo el tiempo, se encuentra con una familia en la calle y el tema es netamente aeronáutico, cuando su esposo llega a su casa este relata lo que le paso en el vuelo del día, lava infinidad de buzos de vuelo a lo largo de toda la carrera artística de su cónyuge, en la sumatoria de mudanzas a lo largo y ancho del país ya no sabe dónde poner los recuerdos aeronáuticos que acumula su querido marido y que son considerados intocables e indestructibles solo por él, y podríamos señalar muchos ítems más con el mismo factor común, los aviones!!!. En resumen, analizando el caso, es totalmente compresible que algo que a ustedes le parece hermoso, increíble, pintoresco y fantástico, ella tenga un sentimiento totalmente opuesto. Creo que quedo aclarado que la cantidad de recuerdos tiende a la disminución en número y solo sobreviven los que fueron valientemente defendidos por el único valiente piloto de la familia.

Los recuerdos aeronáuticos son como los buenos vinos, entre mas pasa el tiempo más se los disfruta, se potencian en valor luego de terminar nuestra apasiónate actividad operativa, y más aun, al retirarnos. Un piloto al poner punto final a una actividad que ama con todo el corazón, la que fue un sueño hecho realidad, el disponer de un acogedor rincón aeronáutico en su hogar lo pone muy feliz, lo reconforta, y también, es muy bueno disfrutarlo como lo hago todos los días utilizándolo. Les aseguro si alguna vez me visitan, cuando vean este lugar netamente aeronáutico desde donde estoy escribiendo estas líneas, seguramente les dará muchísimas ganas de gritar con fuerza; “NO HAY QUIEN PUEDA”.






 
 
 

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