Solos en el cielo, enfrentando a su majestad “La Noche”
- Luis Alberto Briatore

- 7 mar 2020
- 7 Min. de lectura
Parte 1
Como rutina familiar, para las fiestas nos juntamos en una típica finca viñatera del Valle del Zonda, en la cuyana Provincia de San Juan. En medio de una atmósfera extremadamente seca, durante el día las temperaturas son muy altas. y las noches templadas y soñadas. Recostado en una antigua reposera de madera y lona, muy confortable por cierto, trato de encontrar los secretos de una oscuridad que atrapa. El cielo se presenta diáfano, posibilitando observar con nitidez infinidad de estrellas. La mirada permanece clavada como una estaca en medio de diferentes constelaciones, siento ser un observador privilegiado. Frente a un espectáculo que no tiene desperdicio, puedo visualizar la inmensidad de la noche desde un increíble y silencioso paraíso montañoso.
Inmerso en ambiente de relax que ofrece este hermoso entorno, navego con mis ojos entre miles de estrellas. En determinado momento, diviso unas luces que desentonan por la velocidad a que se mueven en medio de una foto estática. Son rojas e intermitentes, se trata de un avión de línea que vuela muy alto, esta a punto de cruzar una inmensa pared de piedra desnuda e invisible por la falta de luz, llamada Cordillera de los Andes.
Aventuras y enseñanzas del pasado surcando los cielos argentinos en la noche, comienzan a aterrizar en mi permeable mente. Encuentro el momento propicio para recordar reconfortado los secretos de un cúmulo de experiencias aprendidas entre el riesgo, la pasión y mucha adrenalina. Se trata de todo lo aprendido y vivido durante tantos años surfeando la noche a bordo de un más pesado que el aire, en la más absoluta soledad, piloteando un avión de combate bien argentino. Vivencias con origen en diferentes lugares, en distintas oscuridades y tipos de aviones, ¡creo que vale la pena trasmitirlo, y con seguridad les va a gustar!
Una experiencia distinta
El vuelo nocturno es un capítulo aparte dentro de las vivencias aeronáuticas que transita un piloto de combate. Nos estamos refiriendo a una sensación de vuelo muy distinta, en comparación a un vuelo diurno. Trasladarnos por el cielo sin la presencia de un sol que nos ilumina el camino, al mando de un 2 veces más rápido que la velocidad del sonido, es todo un desafío, en un vuelo que presenta algunas sutilezas dignas de compartir.
La psicología humana hace al enfrentamiento del hombre con la oscuridad algo poco amigable en la mayoría de los casos. Al enfrentarla en el aire es conveniente ser precavido, la sorpresa se encuentra agazapada, en consecuencia, hay que estar muy atento por disponer de un menor tiempo de reacción.
De noche estamos mucho más sensibles y en alerta que durante el día, pudiendo afirmar en nombre de muchos pilotos, que la oscuridad inspira un gran respeto, ¡eso no significa temor!, por el contrario, si la sabemos manejar se llega a disfrutar, ¡y mucho!
El descanso es importante, al igual que respetar ciertas técnicas y tomarnos ciertos recaudos
Para enfrentar la oscuridad y salir victoriosos, se sugiere estar en óptimas condiciones de descanso y relax, principalmente en los momentos previos a partir hacia este mundo donde reinan las distintas gamas de negro. Lo aconsejable, es dormir por la tarde un par de horitas de una linda siesta y luego de ducharnos, partir directo al Grupo Aéreo a preparar el vuelo u enfrentar a la enigmática noche.
Nuestra visión debe encontrarse en condiciones óptimas, el rendimiento de este vital sentido debe ser el mejor, buscando obtener un “control distributivo” óptimo: se trata de un patrón de movimiento de la visión, donde hay que mover solo los ojos y mantener la cabeza prácticamente estática, empleando la mecánica más conveniente que permita visualizar los instrumentos sin dejar escapar detalle alguno. Con este tipo de técnicas, lo que buscamos es evitar el fenómeno comúnmente llamado: “desorientación espacial”. Nos estamos refiriendo, a la pérdida inadvertida de la capacidad del piloto para percibir correctamente la posición o el movimiento de su aeronave. Ante la duda en seguir o no a mis sentidos, siempre debo confiar en los instrumentos del avión y no en mis sensaciones. Aunque les parezca difícil, incumplir esta regla en la lucha por desobedecer al equilibrio que quiere tentarme hacia la equivocación, puede costarnos desde un gran susto hasta la vida.
Otro de los enemigos que presenta este tipo de vuelo, es la “Falla Eléctrica Total”, donde nuestro principal aliado pasa a ser nuestra linterna o equipo lumínico de alternativa, con el que debemos ver los instrumentos de emergencia en una cabina totalmente oscura. Estos últimos, normalmente cuentan con representaciones primitivas/analógicas, más difíciles de interpretar, en comparación con la aviónica estándar, utilizada cuando todo funciona correctamente, dotada de pantallas mucho más amigable y normalmente con información digital. Para safar de estos inconvenientes, el uso del simulador es de una gran ayuda como preparación previa a un inconveniente de este tipo.
El color elegido es el rojo
Desde nuestra llegada al Grupo Aéreo, hogar operativo de los pilotos en una Brigada Aérea, en un día que está previsto volar nocturno, todos los locales por los que transitamos deben estar iluminados con luces rojas, al estilo de una discoteca, pero sin música, ni alcohol y mucho menos lindas chicas moviendo sus caderas al compas de un tema de moda. Todo obedece a transitar en los momentos previos al vuelo, en ambientes iluminados con un color que permita el mejor descanso de la vista.
Preparación antes del vuelo
Nos encontramos en la Sala de Briefing, allí todos los que volamos nocturno, estamos extremadamente atentos a todo lo que expone el Oficial a cargo de la charla previa al vuelo. Escuchamos los procedimientos a tener en cuenta en este tipo de vuelo, además, chequeando las particularidades distintivas de ese día, por ej. Meteorología, novedades de nuestra pista, plataforma y calles de rodaje, estado de la iluminación, radioayudas empleadas para navegar, pistas de alternativas utilizadas en caso de quedar inutilizada la nuestra, etc.
Una vez superado este primer paso, nos dirigimos a la Sala de Supervivencia, allí nos ponernos bien pitucos para desafiar a la noche. Traje anti “G” ajustado a nuestro esbelto cuerpo, y también, chaleco de supervivencia abrochado y entallado. En caso de una noche fría; es una fija llevar puestos todo el tiempo, guantes y bufanda enroscada en el cuello tipo anaconda. Con el equipo completo y casco en mano, partimos rumbo a los aviones.
Concentrados, pensando en lo que vamos a volar y observando la noche que nos está esperando para que la visitemos, nos dirigimos a la Primera Línea de Vuelo, lugar donde los supersónicos Mirage, uno al lado de otro, excelentemente presentados, esperan ansiosos la llegada de los jinetes de la noche.
Hay que conocer la salud del caballo que vamos a montar
Antes de ir a los aviones, pasamos por el local de la Primera Línea, allí está concentrada toda la muchachada de mantenimiento, los que siempre nos reciben con frases y gestos de afecto, invitándonos un mate calentito, amenizando el lugar y también el momento en un ambiente familiar. Observamos la carpeta de la matrícula asignada, verificando novedades anotadas con anterioridad, horas disponibles de célula y motor. Finalizado este trámite, junto al Mecánico, nos acercarnos a unas hermosas flechas con alas que esperan ser voladas. Caminando como hermanos, uno al lado del otro, efectuamos una minuciosa inspección exterior al avión, siempre en sentido antihorario, donde le damos el primer uso operativo a la linterna. Por último, desde la escalera y sin introducirnos en la cabina, chequeamos el sistema de iluminación exterior del avión, accionado cada interruptor y observando el funcionamiento de: faros de rodaje y aterrizaje, luces de navegación, y finalmente una vez sentados, comprobamos las luces cabina: ultravioletas, blancas y rojas.
Se enciende el motor
Luego de estar perfectamente atados al asiento eyectable, llega la hora de presionar el botón de arranque. Comienza a resucitar el motor, que hasta ese momento estaba dormido. Diferentes fluidos circulan con fuerza por infinidad de venas, en su mayoría metálicas. La silueta de un avión estático y sin vida bajo un manto de la oscuridad, comienza a sufrir un cambio repentino. Se produce una metamorfosis, algo totalmente inerte, pasa en instantes a una actividad plena. La tobera repentinamente, expulsa un chorro rojizo de fuego, señal que el JP1 o kerosene comienza a ser quemado. Las bujías incandescentes comienzan su trabajo correctamente, salpican con infinidad de chispas a unos inyectores que escupen combustible a elevada presión. El reactor comienza a bramar mientras se va acelerando. El alma de este mosquetero defensor de los cielos patrios, resucita y se encarga de darle carácter guerrero. Fenómenos que en su conjunto, nos indican estar en la antesala de disfrutar una noche apasionante abordo de un esbelto y supersónico Mirage.
Saliendo de la plataforma
Luego de dar motor a 7000 RPM, el Mecánico hace un control de pérdidas de fluidos recorriendo todo el avión por debajo de las alas y fuselaje. Cuando ese movedizo mameluco azul aparece a la derecha de la cabina con el pulgar extendido, nos anoticiamos que está todo Ok. Una vez autorizados por la Torre de Control a rodar, dejamos de presionar los pedales, liberando el freno por un instante, apretándolos nuevamente, provocando un cabeceo que hace mover las aletas compensadoras ubicadas detrás del ala, prueba que confirma su correcto funcionamiento. Soltamos frenos nuevamente, rompemos inercia y el faro de rodaje se prende en simultáneo iluminando el camino. Dejamos que la bestia se acelere, y en el momento justo, presionamos un solo freno con fuerza, giro a 90º, reducimos en forma simultánea, y con la inercia inicial se puede decir que iniciamos por fin el rodaje que nos lleve a la pista.
Un espectáculo imperdible
Una de las postales más imponentes para los visitantes y amigos de la VI Brigada, es ubicarse fuera de pista al costado de la cabecera, en momentos que un soplete volador que escupe fuego por su cola, comienza una rápida carrera, en un impresionante y vertiginoso despegue.
Los visitantes observan extasiados una llama intensa y homogénea, la que llega a superar los 10 metros de longitud detrás de la cola del avión. Con el quiebre del acelerador entra en funcionamiento la postcombustión, entregando alrededor de 200 litros por minuto de kerosene, justificando semejante llamarada y el gran empuje en un despegue a pura aceleración. A este imponente espectáculo, se le agrega una bella melodía recitada por un motor que ruge con un sonido demoledor, haciendo vibrar todo lo que se encuentra a su alrededor. El noble reactor ATAR 9C5-A, hace entrar en resonancia la estructura ósea de los atónitos espectadores que no esperaban algo así. El reconfortan alivio llega una vez que el Mirage alcanza la máxima potencia y rompe inercia. Comienza a desplazarse descontrolado emulando a un cohete que despega rumbo a la luna, y en segundos lo tenemos en el aire.
Lo que acabamos de relatar, normalmente produce algunos efectos físicos en los curiosos espectadores. En primer término, un importante incremento en las pulsaciones cardiacas, paralelamente, un torrente de adrenalina fluye a raudales fruto de estar inmersos en un espectáculo que resulta impresionante y único, haciendo de este gran momento algo realmente inolvidable.










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