Una pieza fundamental dentro de la Aviación de Combate, el “Instructor de la “Escuela de Caza”
- Luis Alberto Briatore

- 2 nov 2019
- 5 Min. de lectura
Una pieza fundamental dentro de la Aviación de Combate, el “Instructor de la Escuela de Caza”
Como pasa con nuestros hijos, si sus Educadores son profesionales con vocación, que inculcan valores, y bien preparados, nuestro futuro será promisorio, ya contribuirán a que estos futuros ciudadanos contribuyan a la grandeza de nuestro país. En la Aviación de Combate, su Educadores, “Los Instructores” de la prestigiosa Escuela de Caza, han sido en gran parte los responsables desde hace muchos años, que sus jóvenes Educandos rocen la excelencia en su desempeño tanto en la paz como en la guerra, en el extranjero y sin ninguna duda, en nuestro cielo patrio en los distintos Sistemas de Armas de la Fuerza Aérea Argentina.
Es habitual que a lo largo de nuestro derrotero operativo los pilotos de combate formemos parte del plantel de Instructores en la Escuela de Aviación Militar o en la Escuela de Caza, y muchos nos preguntamos anticipadamente, que tipo de Instructor quiero ser cuando me toque tremenda responsabilidad??? . Siempre tuve la idea que si alguna vez llegaba a ser bendecido como Instructor de Vuelo, aplicaría todo lo bueno que me enseñaron y evitaría repetir lo que no creía conveniente emplear en un joven piloto que está aprendiendo a ser un buen Cazador. Mis libros, el blanco y el negro, estaban perfectamente grabados en mi mente, sabía perfectamente el deber ser, luego la experiencia iría puliendo en el tiempo las aristas de la idea principal, en concordancia con el correcto actuar. Mis preceptos redactados a fuerza de lo aeronáuticamente vivido, decían que el buen Instructor debía actuar de la siguiente manera:
1. Instruir en un marco de mucha exigencia, y a la vez con gran respeto.
2. Demostrar lo que se debe aprender, afianzar en el alumno lo enseñado, evaluar la asimilación de lo aprendido, por último, corregir los errores y pulir detalles buscando como resultado un gran profesional.
3. Ejercer sobre el cursante solo presión una positiva y constructiva, no la influenciada por mi estado de ánimo temporal.
4. Mentalizar y señalar detalles en todos lo relacionado a volar en un avión monoposto, ya que volar solo tiene sus particularidades.
5. Instructores trabajando en equipo buscando optimizar la aplicación de lo enseñado.
6. Hacer el mayor esfuerzo para que el cursante sea mejor que su Instructor, asegurando una mejora continua de nuestra especialidad/Institución.
7. Fomentar las tradiciones y virtudes que nos caracterizan a los Pilotos de Combate.
8. Etc.
Como podrán apreciar, la tarea y entrega del Instructor es primordial. Todos fuimos alumnos en distintos ámbitos y no hace falta aclarar demasiado.
Ahora cambiamos el chip y pasamos a lo que estaba viviendo por esos días.
Como muchas veces sucede en la Fuerza Aérea, cuando menos uno se lo espera llega un pase, o hablando en criollo, un nuevo destino; y eso fue lo que sucedió!!!. En el caluroso y seco diciembre Mendocino de 1986, volviendo de un Despliegue Operativo, donde volamos misiones de combate con aviones de distintas performance, procedente de la hermosa Tandil, a los comandos de un Mirage M-IIIC, una vez detenido el motor y al bajar de esa flecha supersónica, agotada de retorcerse en el cielo buscando ganar combates aire/aire para gloria y honor del “Escuadrón 55”, al que pertenecía, me entero de mi pase a la Escuela de Caza o CB2. Volvería al pañuelo celeste, cambiando mi rol anterior de Alumno por el de Instructor. Fue realmente una sorpresa no muy agradable, justo cuando le había agarrado la mano a la difícil de domar ala delta o espejismo, que en francés significa Mirage!!!. Por un breve lapso de tiempo hice un poco de luto reglamentario, pero de manera muy rápida comencé a ver el medio vaso lleno, como siempre lo hago!!!. Todo indicaba que al volver de vacaciones comenzaría un nuevo curso, el de Instructor de Vuelo, y así fue!!!. Era Teniente en el último año y el Instructor más joven del Escuadrón II. Si bien era uno de los pilotos más chicos, la experiencia adquirida en mis anteriores destinos era más que buena, no solo por los aviones volados, sino principalmente por los maestros guerreros de Malvinas que supieron templar mi espíritu cazador en un marco de mucha exigencia. Este punto jugó muy a favor para desenvolverme con soltura ante tamaña responsabilidad, enseñarles el arte del combate aéreo a nuestros futuros pilotos de combate, enorme responsabilidad y todo un desafío. Aquí descubriría lo apasionante que sería enseñar en el cielo Andino, destino donde pude aplicar todo lo bueno que me habían enseñado y desterrar aquello que no consideraba apropiado para un piloto que está aprendiendo, como mencioné anteriormente, agregando el toque personal en la forma de enseñar y de relacionarme con un Cursante.
Los Escuadrones estaban formados por Escuadrillas con dos Instructores cada una de ellas y cinco alumnos, los que volaban habitualmente con sus Instructores, toda una familia.
En este fantástico destino puedo afirmar que volé como nunca, cuatro turnos por día: mañana, tarde y noche. Si bien estaba mucho en el aire, siempre trate de dedicarle tiempo a cada cursante, haciendo un buen briefing (reunión antes de volar donde se repasan aspectos relacionados a las maniobras a realizar en vuelo) y defrieing (se resaltan los aspectos positivos y negativos posterior al vuelo realizado), detalles volcados a una planilla de calificación, donde quedaba reflejado lo bueno, para que el cursante lo siga repitiendo/perfeccionando, y lo no tan bueno para que lo corrija en futuros vuelos. Hojas de papel llenas de recomendaciones, descripción de maniobras y muchos detalles más, que en definitiva tenían un solo objetivo, el logro de una mejora. Como Instructor, puse mucho énfasis en un aspecto que siempre creí extremadamente importante, el seguimiento de aquellos alumnos que presentaban algún inconveniente, interactuando con el resto de los Instructores para solucionarlos rápidamente.
En este estilo de vida tan particular, es muy tenido en cuenta el consejo de los viejos Cazadores, ellos nos marcaron el norte, y muestra de ello es el lema de la Escuela Caza: “SER MÁS”, una frase con una dimensión inmensa, a ser aplicada por todos los que llevamos orgullosos ese vistoso pañuelo celeste, color que siempre caracterizo al CB2.
De estos dos inolvidables e increíbles años, descubrí que me apasionaba enseñar y cultivar una buena relación Alumno/Instructor, desarrollada en un marco de respeto y cordialidad, como siempre lo imagine.
Unos años más tarde pude continuar con esta linda vocación, la de seguir enseñando, pero esta vez en un avión de mayor performance, el Mirage, y con alumnos más experimentados.
Un capítulo aparte para el avión MS-760 Paris, que con sus muchos años de noble servicio, volaba turno tras turno sin presentar novedad alguna, un guerrero y maestro que le dio muchísimo a la Aviación de Caza Argentina. Con la “Moraneta”, como la apodaban, se formaron la mayor parte de los Pilotos de Caza que combatieron en la Guerra por nuestras Islas Malvinas, un avión símbolo para Los Cachos (Los Cazadores).
Luego de dos años en el prestigioso CB2 pasaría a mi viejo amor, el Mirage, dejando atrás siete intensos años de buena vida en la IV Brigada Aérea y en la hermosa ciudad de Mendoza, partiendo con dos hermosos premios, mis hijas nacidas allí, y dejando con tristeza a muchos excelentes amigos cuyanos. El próximo destino sería la VI Brigada Aérea, situada en las onduladas y verdes praderas de Tandil.
Creo importante destacar que desde el Curso de Aviador Militar a este pase, en ocho años, había cambiado seis veces de avión con sus cursos respectivos y mantenido una actividad aérea muy intensa, reflejo del excelente estado de adiestramiento y experiencia, factor común en todos los jóvenes Pilotos de Combate de la Fuerza Aérea Argentina desde hacía muchos años. La descollante participación de los Pilotos Argentinos en la Guerra por las Islas Malvinas no fue suerte, había un sustento muy pesado en entrenamiento, en experiencia, pero sobre todo, en valores y principios, inculcados desde el primer día que entramos por las dos torres de la Escuela de Aviación Militar.
Es inevitable!!!, y la situación amerita para que gritemos fuertísimo, todos deben escuchar el rugido que sale del mismo corazón de nuestra gloriosa Aviación de Caza: “NO HAY QUIEN PUEDA”.








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